Archivo de la Memoria Trans: «Lo bueno de esto es sabernos vivas»

La primera gran exposición fotográfica del Archivo de la Memoria Trans Argentina (titulada Esta se fue, a esta la mataron, esta murió) tuvo lugar en 2017 en el Centro Cultural Haroldo Conti, en la ex Esma.

Pero unos años antes, en 2013, la activista trans María Belén Correa, cofundadora en 1993 junto a Claudia Pia Baudracco de la Asociación de Travestis Argentinas (ATA), había empezado a darle forma a un proyecto que ambas habían imaginado, y que consistía en reunir en un mismo espacio las historias de aquellas mujeres trans que, por distintas razones y a lo largo de los años, fueron obligadas a exiliarse, o con las que simplemente se había perdido el contacto.

A partir primero de un grupo de Facebook privado, al que se fueron sumando de a poco mujeres de distintas partes del país y del mundo, y después ya con la conformación del Archivo de la Memoria Trans, con el trabajo inicial  de recopilación y preservación de la fotógrafa Cecilia Estalles, el acervo del Archivo fue creciendo hasta alcanzar una cifra de diez mil documentos que van desde las primeras décadas del siglo XX hasta hoy.

En la actualidad, además de Correa y Estalles, el equipo está conformado por Carmen Ibarra, Carolina Figueredo, Cecilia Saurí y Magalí Muñiz, una de las encargadas de comunicación del proyecto y con quien hablamos sobre el trabajo del Archivo y el libro de más de 300 páginas que este mes presenta la editorial Chaco y que reúne buena parte de su material.

 

(Foto: Facebook del Archivo de la Memoria Trans).
¿Cómo recordás esa primera etapa del grupo de Facebook en la que se fueron acercando mujeres para contar su historia? ¿En qué momento entraste vos al Archivo?

Magalí Muñiz: Las chicas fueron llegando por el boca a boca, y fue una época fue muy linda porque nos íbamos reencontrando con compañeras que estaban exiliadas en distintas partes del mundo, o que estaban en otras partes del país, y lo bueno de esto era principalmente sabernos vivas.

Yo entré en el Archivo en 2017, me invitaron a participar, me gustó la idea y me quedé. Esas primeras charlas fueron espectaculares. Se fue armando una magia y coincidíamos en todo, todas pasábamos por lo mismo, y las chicas fotógrafas más jóvenes escuchaban e iban aprendiendo de nosotras y nosotras aprendíamos de ellas.  Y primero fuimos recibiendo material de las que estaban más cerca, y después fueron llegando donaciones o préstamos de lugares como Salta y Santa Fe, y fuimos armando de a poco el fondo.

 

(Facebook del Archivo de la Memoria Trans).
¿Por qué hablan de un “activismo antes del activismo”?

Bueno, por ejemplo en mi caso, para graficar, yo llegaba al lugar donde trabajaba en los años 80, en la Panamericana, que fue en la época en que empezamos a rebelarnos, y le decía a mi compañera “ahora cuando venga la policía no nos dejemos llevar”, y nos poníamos todas de acuerdo y peleábamos con la policía. Y así empezaron a avivarse y venían con más patrulleros, y a veces alguna caía presa.

Y cuando nos metían presas siempre estábamos hacinadas en comisarías, con frío, no nos calentaban ni una pava con agua, no nos traían ni un pedazo de pan. Así que empezamos a hacer quilombo, a quemar colchones, a romper las comisarías… Yo estuve dos años presa por culpa de eso. Así que cuando en el Archivo teníamos este tipo de charlas nos dábamos cuenta de que realmente había activismo antes del activismo.

 De nuestro pasado, atravesado por la exclusión y la violencia, quedaron muchas cosas pendientes en la urgencia por existir. Fotografías, relatos, diarios, revistas y objetos dan cuenta de nuestro activismo antes del activismo, y del porqué hoy somos menos de 100 las que pasamos los 55 años…

(Del texto de presentación del libro, publicado por Chaco Editorial)

Muchas de las fotos son en lugares cerrados. ¿Por qué?

Por la persecución policial. No podíamos salir a la calle a tomarnos una foto, no teníamos una vida social, no podíamos ir a un cine, a un restaurante, hacíamos todo clandestinamente. Y si llegábamos a poder ir a algún lugar, no era por mucho tiempo. Así que la mayoría de las fotos fueron tomadas puertas para adentro. Menos las que son fuera de Argentina, que son en el exilio o cuando se hacía algún viaje.

 

 

(Facebook del Archivo de la Memoria Trans).
(Facebook del Archivo de la Memoria Trans).
Las fotos más antiguas son de la década del ’40 y fueron aportadas por Malva Solís, que en 1951 fundó la primera organización trans de la que se tenga registro, Maricas Unidas Argentinas. ¿Cómo llegaron a ese material?

A través de la directora Carina Zama, que hizo un documental sobre Malva Solís que se llama Con nombre de flor (2019). Las fotos reflejan una historia muy particular de esos años, porque ellas directamente no podían vestirse de mujer como nosotras, que, a pesar de todo, de la persecución y de que nos llevaran presas, estábamos travestidas, teníamos siliconas y cirugías en la cara. Pero ellas estaban destinadas a disfrazarse de chico para que no se las llevaran presas. Y esas fotos se las sacaban cuando podían, en alguna reunión o solo en los carnavales, que eran nuestros días de libertad.

 

Además de lugares como el CCK, Fototeca FOLA y el Haroldo Conti hicieron muestras en museos de España, Francia y otros países de Europa. ¿Cómo fue el recibimiento?

Estuvimos en Alemania, España, Francia y Uruguay e hicimos un simposio de archivistas en Colombia, donde está la fundación Santamaría, de la que María Belén Correa es madrina, y donde tuvimos contacto con las compañeras de allá. Y en París nos reencontramos con muchas compañeras que estaban exiliadas. Más que nada, el motivo del viaje a Francia fue presentar un documental y ese encuentro con las compañeras que no veíamos hacía mucho tiempo. El recibimiento en todos lados fue muy bueno, quedaron impactados con nuestro archivo y estuvieron agradecidos de que contáramos nuestra historia.

 

Leé más: Epígrafes- Las malas, Camila Sosa Villada y Gabriela Mistral

¿Qué es el «carrilche” y qué lugar tiene en el libro?

Es un dialecto que se inventó en la cárcel de Devoto en los años 50 para que ni la policía ni otros presos supieran de qué estábamos hablando. Y en la calle tampoco, porque a lo mejor, como decía antes, ellas iban disfrazados de chico y hablaban ese dialecto para que no se entendiera lo que estaban hablando, por si pasaba algún policía o algo.

En el libro aparece como un relato, pero es decir, el carrilche es un dialecto (o un idioma, como lo quieras llamar) que es muy íntimo y se conoce poco, y no lo queremos dar tanto a conocer. Es top secret.

 

(Facebook del Archivo de la Memoria Trans).
 ¿Qué proyectos tienen para el futuro?

Seguir creciendo, avanzando y federalizando el Archivo. Queremos que haya un Archivo de la Memoria Trans en cada provincia argentina, y trabajar en conjunto. Y estamos armando una página web para que la gente se pueda suscribir y pueda ver todo el material que tenemos. Y si la pandemia nos permite, seguir haciendo exhibiciones, conversatorios y clínicas y todo lo que veníamos haciendo. Esos son los planes.

 

Más info del Archivo: https://www.facebook.com/archivotrans

https://www.instagram.com/archivotrans/

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Cultura de relleno. Revista digital.

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