Blogs not dead #6: Cuarta Prosa
Seguimos explorando el blog como refugio antiansiedad en tiempos de redes y algoritmos. En esta entrega, Sofía González Bonorino, lectora y escritora, responde algunas preguntas sobre Cuarta Prosa.
…

+ Leé la entrega #1: El oficio del plumín, de Diego Parés

+ Entrega #2: Linkillo, de Daniel Link

+ Entrega #3: apóstrofe, de Pablo Makovsky

+ Entrega #4: FactorElBlog, de Alejandro Agostinelli

+ Entrega #5:  Palabras amarillas, de Javier Fernández Paupy

¿Cómo y cuándo surgió Cuarta Prosa?

Sofía González Bonorino: Luis Thonis murió en 2016. Cuarta Prosa surgió tiempo después como un mundo posible en el que él quisiera estar. Todos los que participamos desde su origen lo conocimos o fuimos sus amigos. Hugo Savino, Mariano Dupont, Bettina Bonifatti, Laura Estrin, Claudia Schvartz, Alejandro Sosa Dias, Liliana Guaragno… Luego, a este mundo se fueron agregando otros nombres: Fulvio Franchi, Lucía Mazzinghi, Nicolás Caresano, Zacarías Marco, Néstor Torres, Rodolfo Cifarelli, Hernán Hirschfeld, Sofía Brucco. Voces siempre nuevas de autores y traductores que habitamos una misma geografía en blanco y negro, pensada como en un más allá de la muerte. El nombre del blog fue una sugerencia de Laura Estrin. Le debo también su compromiso y apoyo, desde el primer momento. De todos los nombres posibles, tener a Ósip Mandelstam como padre fundante, creo que marca ya un destino. 

¿Qué criterios se fueron definiendo para la creación de entradas en el blog?

El único criterio es seguir creando un mundo en el que vivos y muertos se enlacen a través de la escritura, demostrando que la contemporaneidad no tiene nada que ver con la cronología. Las obras de los autores geniales son las que nos permiten seguir siendo humanos y no simples apéndices de un mundo que nos expulsa como seres vivos.

¿Cambió el contenido y el enfoque desde su nacimiento al presente? 

Puede ser… En la medida en que quienes escribimos en Cuarta Prosa vamos cambiando. Sin embargo, la idea visual fue y sigue siendo siempre la misma. Elijo las imágenes con mucho cuidado, representan un aspecto fundamental del armado de la página, que se enriquece con los aportes fotográficos de Seedy Gonzalez Paz.

Respecto a mi búsqueda, intento dar forma a un paisaje desértico, en el que milagrosamente surja vida. Los textos quedan ahí, latiendo, organismos de otra especie, en continua transformación, pero donde el movimiento se da con una enorme lentitud. Aunque el conocimiento, en nuestra época, es objeto de divulgación y consumo, y eso nos hunde cada vez más en la ignorancia, existen personas que piensan. Luis Thonis, en su enfrentamiento con lo que él llamaba los zombis terminales, representa en mi imaginación esta batalla perdida, dolorosa y terriblemente solitaria.

Hoy, como dice Annie Le Brun, la censura se da por exceso. Exceso de información, de mercancías, de imágenes. La realidad se satura. Lo más embrutecedor es esa idea de que todo puede decirse, no hay nada incomunicable, ningún silencio para el que no encontramos palabras. Como si el lenguaje, el mismo para todos, fuera transparente y plano, un vidrio. Nos empobrecemos, sobrealimentados de estímulos que se reproducen y se nos vienen encima de un modo mecánico, sin que podamos evitarlo.

Cuarta Prosa estaría pensada como una posibilidad de detenerse. Las imágenes, amplias, intentan crear aire para respirar. Que el ojo fluya, liviano, sin interferencias. Una visión que tiene que ver con mi infancia, mi adolescencia, en la Patagonia, en esos paisajes inmensos, desolados, como de otro mundo. El estilo de Cuarta Prosa alude a cierto vacío necesario para que aparezca la escritura. 

Cuarta Prosa tiene una apuesta concreta en relación con la literatura y el arte, y en particular con la literatura argentina. ¿Cómo podrías definirla?

No pienso Cuarta Prosa en esos términos. Es cierto que Tolstói es ruso y Murena, argentino. Pero cuando los leo, esa diferencia, que tiene que ver con lo colectivo, para mí no tiene importancia. No es lo que me interesa. Cada uno lee como puede. Afinar el oído buscando siempre la libertad de pensamiento es el único futuro al que un ser ético debería aspirar. Pienso que Proust dice la verdad cuando afirma, una y otra vez, que la vida es escritura. Lo demás, me parece, es simulacro. La otra posibilidad sería el zen. No sé si hay otros caminos. Mientras crea que la escritura todavía es capaz de darle realidad a la vida, siempre va a estar la literatura…  que, en este sentido, no tiene que ver con las nacionalidades. 

¿Por qué seguir sosteniendo un blog en tiempos de redes sociales?

Cuarta Prosa aspira a lo que está vivo. Pero lo vivo da miedo. ¿Es posible seguir igual después de leer a Tsvietáieva? Este tipo de cataclismos existenciales, hoy, están neutralizados. La angustia se nos escapa de las manos, con toda su riqueza posible. Las redes son la automatización del sujeto. Se devoran la realidad antes de nombrarla.

Personalmente sostengo este blog porque quiero vivir en contacto con autores que hacen que la vida valga la pena ser vivida. Es el deseo lo que me mueve. Y la esperanza de la transmisión, esa idea de que lo que me pasa a mí al contacto con ciertas obras, le ocurra, quizá, a otros también… Seguramente el día que llegue al final de este camino, algún otro Cuarta Prosa surgirá, porque siempre va a estar la libertad de armar mundos dentro de esa gran cosa muerta que es el mundo ya dado.


Bache

Revista digital. Cultura y sociedad.

Últimas notas