Lucha Libre Mexicana: catarsis y símbolo de identidad

Camila Blanco es una fotógrafa y realizadora cinematográfica originaria de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, al noreste de México, que desde hace dos años se especializa en el fenómeno de la Lucha Libre en su país. Además de publicar sus trabajos en revistas (G_lfa; +de mx; Halcón y Bad Light, entre otras) y de haber realizado un documental —Circo, Maroma y Máscara (2018), proyectado en el Festival Internacional de Cine de Monterrey—, Blanco prepara un fotolibro sobre la temática.

Desde Bache la convocamos para conocer su obra y hablar sobre el impacto que esta disciplina deportiva tiene en la sociedad mexicana.


Un nuevo mundo

Mi primer acercamiento fue cuando en abril de 2018 realicé ese documental como parte de mi carrera universitaria, y me gustó tanto que decidí explorarlo a través de la fotografía. Lo que busco es, en primera instancia, mostrar una parte de la cultura de México que me parece única en el mundo, además de la crudeza del espectáculo.

La Lucha Libre Mexicana es una expresión cultural bastante peculiar que ha logrado trascender hasta volverse icónica. Un deporte espectáculo que mezcla lucha olímpica con acrobacias y secuencias teatrales. Es un símbolo de identidad, y cada combate presenta historias con las que casi cualquier persona puede empatizar, con personajes que surgen del «bajo mundo», que logran superarse y llegar a lugares inimaginables. Es una muestra de que, no importa de dónde vengas, puedes lograr grandes cosas.

 

Además es de los pocos espectáculos en los que el público interactúa directamente con los protagonistas: en la Lucha Libre uno puede gritarle a su luchador favorito, y probablemente éste le responda. Esto lo convierte en una experiencia catártica. La Lucha es casi igual en todos los estados de México, pero aquí en Monterrey la ventaja es que siempre hay funciones, casi cada semana, hasta de sobra, mientras que en otros estados hay pocas al año.

 


Ringside

Las funciones se realizan generalmente los fines de semana, específicamente los domingos. Yo trabajo directamente con las promotoras que organizan el evento, acudo a la arena una hora antes de la función y, al empezar, entro al área de «ringside» para fotografiar. En las funciones pequeñas y con menos presupuesto pido permiso al promotor para tomar fotografías, y por lo general no hay ningún problema. Cabe aclarar que siempre hay que tener cuidado con los luchadores, ya que es un riesgo estar en el área de ring, hay que estar al pendiente de los vuelos y de todo lo que esté sucediendo, para prevenir accidentes. También hay que tener cuidado de no obstruir la visión de los aficionados.

 


Comunidad

La recepción de mi trabajo ha sido bastante favorable, de hecho eso es algo que me motiva a seguir. Desde que comencé me di cuenta de que a las personas les gusta bastante, tanto a los aficionados de la Lucha como a promotores, luchadores e incluso a gente que nunca ha ido a una función en su vida.

Dedicarse a la fotografía en Monterrey es bastante fácil, ya que es una ciudad llena de actividades culturales, museos y artistas independientes que siempre están buscando formar comunidad.


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