La venganza de Killing, una distopía en Buenos Aires

Treinta años después, una novela de culto elogiada por Aira, Laiseca y Busqued vuelve a circular entre los lectores y las lectoras de Argentina. Su autor es Rafael Bini, con quien hablamos sobre cyberpunk, Jim Jones y posdictadura.

 

*Por Golosina Caníbal

Hay novelas de culto que permanecen ocultas. El juego de palabras parece servido: algunas obras, para ser comentadas de forma secreta, en voz baja, por entendidos o iniciados, precisan de cierta oscuridad. Si se consiguen poco, en ediciones costosas, más de culto se vuelven.

La venganza de Killing, de Rafael Bini, publicada en 1992, con una tapa que parodiaba a las clásicas amarillas de Anagrama, es una novela de culto de la literatura argentina. Pero ahora, a través de Walden editora, la oscuridad del culto se matiza y se enciende una tenue luz: la exhumación.

Elogiada desde la contratapa de la primera edición por César Aira y Alberto Laiseca, anotada entre los libros que hay que leer por Carlos Busqued, La venganza de Killing es un relato vertiginoso en una Buenos Aires distópica y ultraviolenta. Como novela zapping, los fragmentos se suceden; los personajes se duplican, se aceleran, se vuelven espectaculares; y el lector asiste absorto a una imposible cadena de acciones atravesada por una estética entre el trash, el cyberpunk y el pop.

La nueva edición de La venganza de Killing, realizada por Walden editora, presenta una tapa psicodélica, un prólogo que trae del pasado una reseña de Martín Kohan sobre la novela de Bini y respeta la edición original.

A continuación, presentamos una entrevista con Bini. Y luego, dos fragmentos de su primer libro, Patria Gótica (1990): el primero de estos, un germen de la novela actualmente reeditada; el segundo, un ars poetica sobre el gótico, la contracultura y la Argentina.

 

Walden Editora, 2022

¿Por qué elegiste a Killing como protagonista y símbolo en La venganza de Killing?

Rafael Bini: El personaje principal lo invoca y Killing aparece como una personificación de la desmesura. Una desmesura que le está permitida a los íconos de la cultura trash y que empuja un aspecto de la trama hacia rumbos imprevisibles. Sus propias características lo muestran como un emergente detonado dentro de un contexto social altamente represivo en todos los aspectos; que su soporte más popular haya sido el formato fotonovela no es un tema menor.

¿Cómo fue la escritura del libro? En Patria Gótica ya había un fragmento narrativo sobre el shopping Massera, una suerte de puntapié inicial… ¿La venganza… salió de un tirón, lo trabajaste en distintas instancias?

Fue un proceso de escritura muy laborioso. Me tomó dos años escribir la novela y otro más corregirla. Que haya aparecido un avance en mi libro anterior, Patria Gótica, indica que la historia tuvo una gestación que insumió un buen tiempo y que incluso permitió un primer desarrollo en la nouvelle El Santuario de los Telemuñecos (2013) -una suerte de precuela-, que apareció como e-book.

¿Cómo llegás a publicar la novela? ¿Te presentaste con el original en la editorial y listo? ¿O hubo otra historia?

La novela la presenté a consideración de la convocatoria de la Fundación Antorchas para autores noveles, que a fines de 1992 eligió la novela como ganadora en su rubro. De esta forma, asumieron los gastos de edición y distribución.

 

Publicación original, 1992

En la edición original, la contratapa recoge comentarios elogiosos de Alberto Laiseca y César Aira, ¿cuál era tu relación con ellos? ¿De dónde los conocías? ¿Te ayudaron en la escritura e invención de La venganza…?

Con Laiseca tenía una relación de más de diez años que comenzó cuando él colaboraba en revistas que editábamos por ese tiempo con Tom Lupo. Hacíamos la revista Banana, un medio de cultura pop, en el cual por primera vez vi publicado un relato suyo. Años más tarde, junto con Damián Dreizik, nos unimos a los grupos de escritura del maestro Lai, que por esos años se hacían en la cafetería de la librería Gandhi de la calle Montevideo. Su apreciación me ayudó a presentar mi material en Antorchas, que exigía dos avales de escritores consagrados. El otro fue César Aira, que contacté gracias a los buenos oficios de Lai. Ambos son referentes ineludibles de la literatura argentina que a mí me interesa y que me impulsó -indirectamente- a la escritura. Agrego a Osvaldo Lamborghini, un autor ya desaparecido, ineludible y que me conmovió profundamente con su escritura.

La violencia y la cultura pop (el videoclip, Dick, Killing mismo) son dos elementos centrales del libro. ¿Tenías interés en estos temas por aquellos años?

La novela posee varios carriles. En uno de ellos hay un trabajo muy meticuloso sobre la violencia en el proceso narrativo, los grados de mayor o menor intensidad y otros matices que pueden derivar en parodia o tragedia. La cultura pop es la superficie del universo que despliega la novela.

En la reedición de Walden editora, la tapa presenta al estilo Sgt. Pepper’s a un coro de personajes. Si tuvieras que elegir tres que te influenciaron o que te fascinaron, ¿quiénes serían?

Aleister Crowley es uno, también reconocido por su desmesura y afinidad -al igual que Killing- con los misterios del sexo y la muerte. Philip K. Dick ha sido otro de mis grandes mentores, leí toda su obra y aún hoy me sigue asombrando la visión que desplegó sobre “el futuro” hace cincuenta años, nuestro presente actual. El tercero es el reverendo Jim Jones. Para quien no lo conozca recordaré que fue fundador y líder de la secta Templo del Pueblo, famosa por el suicidio colectivo realizado por parte de 918 de sus miembros en la ciudad de Jonestown (Guyana) en noviembre de 1978.

 

En los ‘80 quedó grabada tu participación contracultural con la banda que lideraste, Comida china. ¿Encontrás vínculos entre lo que hacías con la banda y lo que escribiste en el mundo literario?

No sé qué es “el mundo literario”, pero el desarrollo musical de mis ideas bajo el formato de canciones es una vertiente tan antigua como la escritura en mi desarrollo expresivo. Ignoro cuáles son los vínculos, o en todo caso no soy el más apropiado para detectarlos. Creo que aparecen más transparentes en mi libro anterior, Patria Gótica.

En La venganza… hay un clima denso de posdictadura que se alucina través de la potencia de la narración. Como lector, creo que la novela te sirvió para llevar a la ficción ciertas preguntas o cosas que no te cerraban de lo que la dictadura había dejado a nivel social y nacional. ¿Se te ocurren cuáles pueden haber sido esos interrogantes o contradicciones?

La dictadura militar que azotó la Argentina entre el 76 y el 82 marcó a muchas generaciones con una cicatriz de pesadumbre y muerte. Soy parte de los que padecieron esta oscuridad que los medios masivos nos vendían como “total normalidad” y la temática de este genocidio que tiñe mi escritura es parte de los daños colaterales.

¿Cómo fue la idea de reeditar La venganza…? ¿A qué lectores te gustaría que llegara esta reedición?

La idea fue de la reedición fue impulsada por Ariel Pukacz, valiente editor de Walden y difusor de ideas que circulan en los márgenes de la cultura pop. Ojalá esta reedición de un libro mío publicado hace 30 años sirva para que nuevas generaciones se asomen a una visión que Aira destaca como cyberpunk, en años en que William Gibson recién asomaba tímidamente con el término.

Fragmentos de Patria Gótica (Ediciones Grupo Cero – Ediciones La Lámpara Errante de Poesía, 1990)

Impresiones de Ingrid

Después de ponerse el pulóver soltó un insulto y tomó las llaves del coche. En el ascensor había mucha gente esperando así que bajó por las escaleras. Uno por uno los veintidós pisos del Shopping Center Almirante Massera.

Extenuado, recordó que Ingrid vivía cerca pero no mucho. Era tarde para cenar y temprano para desayunar, así que no supo adónde llevarla. Cualquier cosa menos quedarse a solas con ella. Si la dejaba hablar estaba perdido. Su teléfono daba ocupado todo el tiempo. Ingrid vivía en un bloque subterráneo de Ciudad Frondizi, cerca de la Nueva Autopista Oeste. Comparte un criptodepartamento con su familia. Una tumba para cuatro.

A los tumbos logró salir del auto solar y dirigirse sin apuro hasta la entrada peatonal. Como cábala, llevaba en un bolsillo el último cassette de su grupo favorito Puerta de Hierro que tocaba su vídeo hit doble platino.

 


Apéndice II
“De la Catedral gótica a Ciudad Gótica: un recorrido caótico”

Situación macabra: el Misterio Gótico. El hombre gótico no es devoto de las tablas de la ley porque ordenen, las ama simplemente porque son de piedra. El hombre gótico se siente esclavo de potencias superiores que sólo puede temer, ya ni siquiera adorar: su líquido prostático eleva entonces sentimientos de ardilla. Sentimientos que solidifican: música en forma de arquitectura y grandes catedrales góticas.

Siglos de penitencias, de canon bizantino y guerras santas en que el símbolo constituyó el lenguaje oficial del arte. Hermosos emblemas en basílicas ojivales, fuego de la rueda y Mercurio filosófico. El hombre gótico desconoce la paz y la calma, hundido en su desmesurado horror cósmico lovecraftiano, no tiene otra opción más que sublimar esa inquietud oscura hasta el punto de sentirse arrebatado por un delirio, para él salvador.

Hablamos de la ornamentación animal del gotlco, su majestuosidad (Ver Catedral de Chartres, 1194; Notre Dame de París, 1210; Catedral de Estrasburgo, 1250; etc.). Se trata de un patético diálogo panteísta, es decir un monólogo trunco, que realiza el hombre gótico a través de sus catedrales, la desarmonía interior no puede hacer otra cosa que definir esa voluntad como forma gótica. Catedrales que construye en plena borrachera mística que pretende vida orgánica, algo así como imposibles plantas llamadas súbitamente a la vida y por ello sumidas en deliquios indecibles.

La bóveda: un experimento de la Edad Media. Este ahogo es el orgullo del gótico, abandono de sí mismo que ofrenda a la misericordia de un Deus incógnito que ha elegido esconderse.

Un silencio lúgubre y pesado llena los espacios abovedados. Los mil ruidos del exterior, vanos ecos del mundo, no llegan hasta nosotros. Sin duda, en éstos ámbitos supraterrenales se inspiraron algunos próceres argentinos que intentaron trasplantar el corazón gótico a nuestras llanuras. (Ver Proyecto de Altar de la Patria de José López Rega; Plan Autopistas del brigadier Cacciatore, Basílica de Luján y Estación Sarandí del FECC Gral. Roca).


La misa del Asno

En la Edad Media había un día al año en que, en el momento del solsticio de invierno, en todas las catedrales góticas el asno volvía a ser de nuevo el dios que había sido en otro tiempo para los godos: era el día de la Misa del Asno.
Esta misa se celebraba en todas partes, desde Notre Dame hasta Bayona. De una catedral a otra, el asno-dios entraba solemnemente en la catedral done se celebraba la misa solemne en su honor.

El asno hacía su entrada revestido con un suntuoso manto de oro, cuya cola era sostenida por cuatro eminencias, el predicador exaltaba el poderío asnal y — entonces— se cantaba. La Misa del Asno acababa con otra ceremonia no menos enigmática: la Fiesta de los Locos, marcada por Innumerables extravagancias y farsas profanas. De todos modos, la escenificación de la Virgen, el Asno y el Niño era bien entendida por los Iniciados. Recordemos la semejanza que existe entre gótico y goétlco. El arte goético es el arte mágico, y para muchos estudiosos el arte gótico no es más que una deformación de la palabra argótico, cuya homofonía es perfecta, de acuerdo con la ley fonética que rige en la cábala tradicional. La catedral es una obra de art goth o de argot. Argot se define como: “una lengua particular de todos los individuos que tienen interés en comunicar sus pensamientos sin ser comprendidos por los demás”. Es pues, una cábala hablada. Los argotiers, son descendientes herméticos de los argonautas, los cuales viajaban en la nave Argos en busca del Vellocino de Oro.

Añadamos, por último, que el argot es una de las formas derivadas del lenguaje de los pájaros, la lengua de los filósofos. Es aquella lengua revelada que los incas llamaban “la lengua de la Corte» y que en la Edad Media era conocida como el Gay Saber o Gaya Ciencia. Lengua de dioses, Diosa-Botella. La Tradición afirma que los hombres la hablaban antes de Babel, antes de caer en el olvido total.


El gótico americano: Ciudad Gótica

El espíritu gótico ha florecido en los EEUU donde los más altos rascacielos nacieron inspirados en las torres medievales, no sólo en lo que se refiere a su impulso vertical, sino también en su coronamiento y decorado. Por eso no es casualidad que en plena metrópoli nazca en 1939 el personaje BATMAN que habita una ciudad muy parecida a Nueva York, rebautizada nada menos que como CIUDAD GOTICA.

BATMAN, el hombre murciélago, no era un extraterrestre ni un mutante, era un justiciero sin superpoderes que se vestía de murciélago para combatir el mal. De esta manera resignificaba Norteamérica los mitos nórdicos que inspiraron al gótico medieval, con un héroe millonario que convive con un protegido, Robin, en una antigua mansión que oculta una catacumba llamada: BATICUEVA. En la caverna, Batman y su joven amigo disponen de alta tecnología para descifrar los herméticos mensajes de los supervillanos. Así, dentro de su estética pétrea, sugerida sobre todo por el dibujo del primer Batman de Bob Kane, estos apuestos paladines consagran su vida ascética al noble propósito de restaurar el gótico adaptándolo al fin de los tiempos.
Su serenidad es monumental. Su gótico, heroico.

El argot gótico Incluye en un posterior estadio a dos grandes artistas californianos: al máster de la ciencia ficción “ucrónica” Philip K. Dick (1928- 1982), cuya obra VALIS incluye un apéndice titulado «Tractates Cryptica Scriptura” que constituye una piedra fundamental del gótico subterráneo con afirmaciones del tipo de: “La Materia es plástica ante el ojo de la Mente». etc.
Y por otro lado tenemos a un plástico contracultural llamado Gary Panter, ilustrador de tapas de discos de LOS RESIDENTES y FRANK ZAPPA entre otros (ver su obra “Invasión de los Elvies Zombies«). El horror que nos dibuja Panter es claramente gótico, ostenta la cicatriz de lo verídico inverosímil. Su franqueza descriptiva aparece como distorsionada fatalmente por imágenes que jamás descansan.
Esto me sugiere una frase de un hijo bastar¬do del gótico inglés del siglo XVIII, Arthur Machen, quien poseía una agudísima conciencia del mal: “un hombre puede ser infinita y horriblemente perverso, y no saberlo nunca».

 

Patria Gótica (1990)

Los argentinos flagelantes

Argentina rescató el gótico tardío alemán, el águila y el fanatismo, con una sinceridad realmente «bárbara”. Argentina medieval: gorro frigio psicodélico respirando en tramos de bóvedas como enredaderas que dudan entre la barbarle y la edad media. Un «a pesar de” tan magnífico como la renuncia espontánea a la palabra individuo.

En este sentido es que se podría hablar ya, así como se habla de una “Patria Financiera» o de una “Patria Socialista” amén de una «Patria Militar” y una «Patria Metalúrgica”, de una “Patria Gótica». Tal vez nadie como C. S. Lewis haya sintetizado en una sola frase el pathos gótico argentino: “Los dioses no nos hablarán cara a cara hasta que nosotros mismos tengamos un rostro».

RAFAEL BINI, verano de 1989.

 

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