En 1976, el gran músico argentino dio una entrevista para la olvidada y extraña revista Mantrana 7000, dedicada al cruce entre poesía y esoterismo. El tango, la disciplina, el genio y la ciudad emergen en este intercambio perdido entre los pliegues de la biblioteca revisteril nacional.
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Por Juan Carlos Licastro
En un reportaje anterior frente a Roberto Goyeneche, sobre la figura de Astor Piazzolla, su contestación fue la siguiente: “¡Genio! ¡Genio ahora y en el año 2000! Prácticamente insuperable”.
Astor Piazzolla: Yo estoy aquí dispuesto a contestar todas las preguntas y estoy contento que el “Polaco” Goyeneche haya dicho eso de mí. Yo no soy genio. Pienso que los genios son los que están en los laboratorios y dan su vida por eso que lleva tanto tiempo; la música es otra cosa. No es de los genios. Creo que Bach fue un gran músico pero no fue ningún genio.
Piazzolla, ¿por qué se fue del país?
A buscar otras cosas, sensaciones nuevas de música, estudiar, aprender algo que no creo que iba a saber aquí, porque no es una cuestión de que valga más aquello que esto, no; simplemente que allá se da mucho más que acá; está mucho más cerca uno de otras cosas que en la Argentina. A conocer gentes, países, estudiar arte en general, política, en fin, es muy positivo. Además, para los argentinos cuando Piazzolla está dos o tres meses en el país lo ven mucho más que cuando Piazzolla se queda siempre en el país.
¿Cuáles fueron sus contactos?
Prácticamente estuve en contacto con toda la gente que puede relacionarse con la música. Especialmente en Italia y en Francia; quizás más en París que en Roma en este caso; no es tanto como exageran los diarios y revistas, que Piazzolla en Italia es un boom, no, es absolutamente falso, no soy ningún boom en Italia, quizás algún día pueda llegar a serlo. Piazzolla simplemente trabaja en Italia; su música gusta mucho a los músicos. Pero casi un boom puede llegar a ser ahora en Francia, porque mi música es pasada continuamente por la radio. María Herminia Avellaneda me contó que ese minuto, esos dos minutos de espera para marcar la hora en televisión, se pasa todo con mi música de fondo. También en todas las galerías de París: la galería Lafayette, la galería Pantin, también en el Lido. Así que me va muy bien porque además hay dos artistas-cantantes que han vendido muchos discos con música mía. “Balada para un loco”, por ejemplo, pegó un repunte increíble, ahora cantado en francés por Julien Clerc. Entonces es una gran satisfacción saber que la música, no solamente la de Piazzolla, la música argentina, la música de Buenos Aires, está llegando a Europa, especialmente a lo que puede ser televisión, radio y, actualmente, cine.
¿Qué pasó con usted y Jeanne Moreau?
Lo de Jeanne Moreau es una cosa muy emocionante para mí. Porque yo fui un gran admirador de ella como actriz, como rostro, como personalidad. Estuve realmente conmovido cuando ella me llamó para que hiciera música para su film Lumière. Estuve prácticamente dos días charlando, caminando con ella. Fue realmente inolvidable. Porque no voy a poder olvidar esas horas que he estado charlando con Jeanne y aprendiendo muchas cosas; conocer un ser humano, la gran actriz y ver esa belleza, ese rostro incomparable, y escribí la música para su film, que pienso que pronto se va a dar en Francia: creo que va ahora al Festival de Cannes. Yo le dije un día: “Qué raro, Jeanne, usted para un film francés está empleando música de Buenos Aires”. Dijo: “Acá no se trata de música de Buenos Aires, a mí me gusta este tipo de música y nada más; hay tantas películas francesas que tienen música norteamericana o música de Italia, ¿por qué Jeanne Moreau no puede tener música de Piazzolla? Además, me fascina el bandoneón”. Eso me dejó directamente knock-out.
¿Qué músicos fueron los que grabaron la música de Lumière?
En Italia los músicos italianos; en Milán estaba solamente mi hijo en sintetizador y Antonio Agri en violín. Pero grabamos toda la suite troileana y la música del film.
Eso en Europa. ¿En Norteamérica, en viajes pasados?
Yo no hice nada en Norteamérica.
Sé que ejecutó en un lugar muy importante de Norteamérica, inclusive hay un disco grabado en un auditórium, no llego a ubicar en este momento el nombre.
En el 66 hice el Filarmónico de Nueva York y ahora actuamos en Carnegie Hall, el 22 de mayo, y después Washington y luego haremos otra presentación más en Nueva York, después Centroamérica y después Brasil y luego me voy para Europa.

¿Qué diferencia encuentra entre el Piazzolla de la primera época y el Piazzolla actual?
Es una pregunta un poco extraña. Nada más que esto: que cambió, que avanzó, que adelantó; yo avanzo día a día, pienso que tengo que avanzar y nunca mirar para atrás; si miro para atrás sentimentalmente me conmuevo. Me da mucha melancolía, pero por el solo hecho que me dé melancolía yo no puedo tocar lo que tocaba hace tres años, hace cuatro, hace diez; me gusta tocar lo de hoy y esperar lo de mañana.
¿Qué significó para Piazzolla el nombre de Nadia Boulanger?
Diría casi todo para mí, porque la figura de esta gran pedagoga francesa, que no solamente fue la profesora de Piazzolla sino la de Leonard Bernstein, fue la profesora de Aaron Copland, la profesora de Jean Françaix, de tanta gente que en este momento no recuerdo; también de Pierre Boulez, estuvo unos meses Quincy Jones estudiando con ella, entre tanta gente; Nadia tiene casi 90 años y sigue enseñando y hace setenta años que enseña composición, así que debe ser muchísima la gente importante que ha caído bajo las enseñanzas de esa maestra. Ella me dijo un día, escuchando mi música de concierto: “Su música de concierto está muy bien escrita, ¿pero dónde está Piazzolla?”. Entonces al final, sintetizando, yo le dije: “Voy a tocar ahora en el piano un tango mío”; entonces toqué el tango y ella me tomó las dos manos y me dijo: “Aquí está Piazzolla, no lo abandone jamás”; así que esa fue una segunda madre para mí.
¿Se puede designar un padre bajo el nombre de Alberto Ginastera?
Alberto Ginastera fue un gran maestro, pero mi padre fue Pichuco. En el sentido de que me inicié con él. Que hayamos estado en mutuo desacuerdo con lo que yo hacía o con lo que él hacía, no tiene importancia. Éramos grandes amigos. Con Pichuco aprendí lo que tengo de tango dentro de mí.
¿Qué le pareció ese legado del bandoneón de Pichuco?
Pienso que me lo merezco; lo merezco por una sola razón, porque sin pedir consejos a nadie, yo escribí la suite troileana dos días después de su muerte; la escribí a la memoria del creador de la época de oro del tango; entonces al crearlo, después de su muerte, de alguna manera él estaba diciendo a Zita: “Dale el bandoneón al ‘Gato’”, porque él me llamaba el ‘Gato’, y me correspondió a mí el primer bandoneón. Nada más. Es muy simple.
Una gran responsabilidad por otro lado, ¿no es cierto?
No, ninguna responsabilidad. Troilo sabía que cuando tomo un instrumento lo toco con todo el cariño y respeto que le tengo y siempre toco con el bandoneón de él, o con el mío, o lo cambio. En este instante estoy tocando con el bandoneón del Gordo.
En este momento existe una innovación del violín por la flauta, ¿a qué se debe?
Hay flauta en do, flauta en sol y saxo alto, simplemente porque no se integraba el señor Antonio Agri, y yo le tengo un gran respeto: para mí es un genial violinista, pero éste es un conjunto moderno y él no está actualizado. Entonces lo he cambiado porque él no se sentía integrado al conjunto; además, él está en la orquesta, en los segundos violines del Teatro Colón y espera la jubilación, y eso me parece muy triste. En un mediocre lo admito, en un genio como es Antonio Agri no lo acepto.
¿Qué opina Piazzolla del dodecafonismo y de la música concreta?
Hay cosas que me gustan mucho de Alban Berg, me gusta mucho Krzysztof Penderecki, me gustan algunos otros compositores. No llego a entender otros tipos de música, no me gustan; prefiero a Bartók de los nuevos, yo siempre llamo nuevos a Stravinsky, a Hindemith, y me siento más con ellos que con lo que es absolutamente contemporáneo, futuro. La música-teatro que hace Mauricio Kagel en Alemania. En la Argentina, las cosas que hace Luciano Berio me gustan también.
¿No es algo rebuscado Mauricio Kagel?
No se puede decir, no me atrevo a criticar, simplemente digo no me gusta. No me gustaría que dijeran de mí una cosa similar; es que no lo entiendo, ya no puedo llegar a entender la posición de Mauricio Kagel en estos momentos, pero hay un gran respeto por él en Alemania, así que yo también lo respeto y me callo la boca en ese sentido, simplemente digo no me interesa lo que hace Kagel. Y nada más.
¿Cómo llega José Ángel Trelles a su orquesta?
De una manera muy difícil, porque es difícil cantar en mi conjunto.
Le aclaro que está sumamente contento.
Él está muy contento y lo hace muy bien y es muy difícil salir de cantar con una guitarrita como lo hacía él a ser acompañado por estos ocho tanques rusos como los llamo yo; resulta bastante comprometedor, especialmente ocupar el espacio que tenía Amelita dentro del conjunto y cantar “Balada para un loco”, que fue hecha especialmente para ella.
Trelles me habló de una carta que le había llegado de París, cuando él estaba en Buenos Aires, que saltaba de contento y lo llamaba “el Maestro”. En un momento determinado le pregunté a nivel personal: “¿Piazzolla es algo tiránico?”. Y por supuesto, la pregunta la hago a usted.: ¿cómo es Piazzolla ante Piazzolla mismo?
Soy un perfeccionista. No me gustan los errores. No los acepto, soy un tipo así, soy una especie de “dictador” de la música, no me gusta que se equivoquen o metan la pata o vengan con excusas, inclusive lo hice cantar a Trelles un día teniendo 38 o 39 grados de fiebre. Le dije: “Mirá, vos tenés que venir y tenés que cumplir, acá lo único que te puede parar es la muerte”, porque yo lo hice toda mi vida; a mí solamente un día que me tuvieron que operar dejé el escenario, y esa actitud es la de todos mis músicos. Los catorce años que estuvieron Antonio Agri, Gozzi, Manzi y López Ruiz. Porque en este conjunto no hay nadie que se pueda sustituir por otra gente. Si se enferma el pianista, yo tengo que suspender la función; si deja de cantar Trelles, yo paro, tengo un espectáculo armado de tal forma que les digo a todos, y todos lo saben: “si se sienten mal tocan ahora, si realmente están imposibilitados de venir, suspendemos la función, pero yo no sustituyo a nadie”.
Entonces Piazzolla no es un tirano sino un exigente.
Un perfeccionista. Yo soy bastante “rayado”, como decimos acá, respecto a mi trabajo. Fuera de mi trabajo soy un poco desordenado, muy desordenado en muchas cosas, pero en la vida musical no.
¿Es cierto que llega una hora antes de la función únicamente para ver cómo anda todo?
Yo y todos los músicos llegamos antes, no porque se los pida, porque quieren hacerlo. Malvicino viene hasta dos horas antes a estudiar la guitarra, y esto que les sirva de lección a muchos músicos. Me ha pasado a mí durante toda la vida. Desde que no tengo músicos de tango que son músicos de jazz que se han apiazzollado, diría yo, son piazzollistas, son Buenos Aires, son, si se quiere decirlo, “tangueros”. Tangueros tampoco me molesta decirles, pero los músicos que actualmente tengo son envidiables. Ayer vi a mi hijo, estaba desde hacía tres horas estudiando antes de que llegáramos nosotros, y le dije: “¡Pero sos un fanático, Daniel!”. Y me dijo: “¿Y vos qué sos? También sos un fanático”. Somos ocho fanáticos que realmente amamos y queremos lo que hacemos y por eso lo hacemos y por eso sale bien la música.

¿Por qué Piazzolla va dejando atrás grupos de músicos?
Porque se aburre, no sé, cuando los músicos no dan más, son como soldados, cuando a uno se le rompe una pata y no puede seguir caminando, hay que sacarlo.
La palabra ‘vida’ y la palabra ‘muerte’, ¿qué significan para Astor Piazzolla?
Quizás la misma cosa, porque yo creo en la reencarnación, así que yo estoy viviendo otra vida y me voy a morir mañana y no tengo ningún miedo porque estoy seguro de que voy a seguir viviendo.
¿Usted negó que fue alguien en otra vida? ¿Quién, si es posible?
Que fui alguien y que he visto lugares y rostros y cosas que me recuerdan la vida. A veces veo gente. Yo a esta gente la conozco, no de esta vida, quizás de otra, es una cosa particular.
Su rostro, ¿qué le recuerda?
Un rostro muy europeo, muy italiano, muy de las colinas de la alta Italia, de la Toscana, del Piamonte; no sé de dónde, pero yo he visto tanta gente con la cara parecida a la mía en Italia, que a veces me daba miedo.
¿Su signo?
Piscis. Soy pisciano. Soy una especie de Dr. Jekyll y Mister Hyde, porque cambio continuamente. En el trabajo tengo un carácter y acá otro; en el trabajo soy muy nervioso, un neurótico, estoy con la cabeza a ocho mil revoluciones por segundo. Estoy pensando nada más que en la música. Ustedes me querían hacer un reportaje, y dije: “no, en este momento no puedo porque estoy metido de cabeza en lo que hago y no voy a poder hablar una sola palabra”, por eso lo invité a mi casa para hacer el reportaje. Acá estoy tranquilo; acá no tengo ningún problema.
¿De alguna manera hace un sacerdocio de la música?
Eso es lo que dice Blackie, que somos sacerdotes. Yo soy un místico y esto lo tomamos con una gran devoción. Somos ocho tipos que no sabemos cuál de nosotros va a caer una de estas noches sobre el escenario redondo al suelo, porque nos entregamos con todo.
¿Le pasó alguna vez desmayarse en el escenario?
Yo me desmayo cuando no toco.
Una pregunta fundamental: ¿cómo fueron los comienzos de Piazzolla? ¿Dónde nació, quiénes fueron sus padres, cómo empezó esta historia, que lo llevó a ser uno de los mejores músicos actuales?
Yo pienso que ser un buen músico no es cuestión de ser único. Ser buen músico es estudiar mucha música como estudiamos nosotros, pero de allí a ser un creador, eso te lo da Dios solamente. Yo soy un gran músico, considero que soy un gran músico porque hace treinta y cinco años que hago música y pienso que todo músico que hace treinta y cinco años que escribe música tiene que ser un gran músico. Yo estudié con Alberto Ginastera durante cinco o seis años, allá por el ‘40, y el don de la creación me vino en el año 50, o sea diez años después. La gente cree que estudiando se aprende a escribir, ¡no! Se aprende a orquestar, pero no a componer o a crear, ese es otro mundo.
¿Dónde nació Astor Piazzolla?
Mar del Plata, en el año 21, marzo 11.
¿Padres?
Vicente, mi papá; mi mamá, Asunta. A los 3 años, con ellos dos, soy hijo único, nos trasladamos a Nueva York; estuvimos catorce años al principio. Después regresé de nuevo y viví diecisiete años en Nueva York: me hice prácticamente ahí. Fui un tipo audaz toda mi vida. Nunca le tuve miedo a nada, no sé, eso se debe al mundo que frecuenté en Nueva York, que fue un mundo bastante siniestro, especialmente cuando era pibe, el mundo de la calle de Nueva York, en la época de Al Capone, de la prohibición, de los Lucky Luciano. Yo me crié en ese mundo y ahí aprendí a no tener miedo a nada, a salir a la calle y enfrentarme con tres o cuatro personas. No tengo miedo a la vida y pienso que en la mayoría de los músicos argentinos el problema es el miedo; el miedo a no comer mañana, ese no te metás, ese no hacer este tipo de música que no es comercial, ese tener que hacerle caso a todos los gerentes de las compañías de discos, eligiendo el repertorio que quieren los demás y no lo que quiere uno, ese hacer la música que quieren los demás y no la que quiere uno, ese hacer el tipo de cosas que quiere el público y no lo que siente uno. Yo no estoy en eso, yo siempre hice lo que he querido hacer y nunca tuve miedo. Eso sí, tiene penurias, he pasado muchísimas penurias y he sido atacado duramente durante muchísimos años, pero al final creo que he recibido la recompensa, estoy absolutamente tranquilo y quiero a mi público, mi público me quiere a mí, lo respeto. Esa es la palabra, el respeto que uno le debe al público, uno se da cuenta qué significa el respeto del público. No defraudarlo. Te voy a citar un caso y no es una crítica a quien yo admiro como pianista, se llama Horacio Salgán. Horacio Salgán es un hombre que cuando salió en el año 40 y pico, deslumbró al público, al mundo de los músicos, me deslumbró a mí, y yo siempre dije: “Ojalá que yo pueda tocar el piano o escribir como escribe este tipo”. Pero Horacio Salgán defraudó porque se fue dejando, no sé por qué cuestión. Él defraudó a mucha gente. Que me defraude un mediocre no importa, porque es un mediocre, pero Salgán, que sigue siendo para mí uno de los mejores pianistas de tango, ¡no! A veces quisiera que Salgán se ponga de nuevo en la lucha, que hiciera cosas nuevas. Estrenó ahora una cantata, creo sobre Carlos Gardel, no la conozco, no me atrevo a criticarla porque no sé cómo es, pero eso sí, me gustaría escucharlo a Salgán con un conjunto nuevo. Nada de trío, ni el Quinteto Real. Nada de eso, el nuevo Salgán con nuevos instrumentos, haciendo lo que él puede hacer.
¿Piazzolla teme defraudar?
Yo pienso que no he defraudado a mi gente. Al contrario, yo tengo chicos de dieciséis, diecisiete años que me seguían en el año 54 y han pasado veintidós años y yo los veo y me siguen admirando, pero detrás de ellos vienen los otros chicos de dieciséis años, y esto desde el año 50 y pico hasta ahora, más de veinte y pico de años, se ha ido sumando y agregando gente que sigue a Piazzolla y Piazzolla siguió también subiendo y subiendo y pienso que mi gran suerte es que voy a seguir subiendo. El día que no pueda subir es porque estoy muerto o estoy ya terminado. Y el día que esté terminado ¡yo largo!
En un reportaje a Amelita Vargas, la Vargas dijo que fracasar era no saber retirarse a tiempo, ¿es cierta esa afirmación?
Sí, por supuesto, tiene una gran razón.
¿Uno sabe realmente cuándo es “no saber retirarse a tiempo”?
Eso es lo triste, que a veces uno no quiere rendirse. Yo no sé hasta qué punto tengo las suficientes agallas para que mañana, por ejemplo… encuentro que hoy tengo cincuenta y cinco años y estoy tocando el bandoneón mejor que nunca, no sé qué me está pasando, toco mejor que nunca, ¿será que uno se aferra tanto al instrumento? Yo me doy cuenta de que no lo quiero largar y no quiero que me largue tampoco. Un día a los sesenta, a los sesenta y cinco o quizás a los setenta… pero si Rubinstein toca mejor que nunca el piano a los ochenta y ocho años… ¿por qué a lo mejor no lo puedo tocar también yo a los setenta?
Una pregunta que quedó y que es necesario retomar. Uno de los recuerdos que hayan quedado fijos en su niñez.
Tengo muchos recuerdos; uno de ellos fue tocar mi primer tango con Carlos Gardel en Nueva York; leí todo el repertorio a primera vista, bandoneón solo, en cambio no pudo tocar el piano Alberto Castellano porque era un piano tan desafinado, que me dijo: “Pibe, tocá vos con Gardel porque yo no voy a poder tocar”. Me agarré el gran jabón del siglo; además yo no sabía nada de tangos; los toqué todos. Por supuesto Gardel estaba emocionadísimo. Yo en ese momento no. Estaba más emocionado, con ese gran sentido de responsabilidad que yo tenía, por leer bien la música que estaba tocando y acompañando a Gardel. Todavía no me daba cuenta del fenómeno que era.
¿Qué fenómeno era Carlos Gardel?
Era un fenómeno. El fenómeno que conocen todos ustedes como cantante, yo no lo sabía porque no me daba cuenta; yo estaba en otra cosa. Tocaba música clásica y estaba en la calle agarrándome a trompadas, así que no estaba en el fenómeno Gardel; mi padre sí, que era un tipo de un gusto realmente curioso porque él tenía dos tipos de discos, Gardel y Julio de Caro. Tengo una anécdota de Gardel: fue a un asado un día de muchísimo frío en Nueva York; se hizo el asado afuera, después se comió adentro, me acuerdo, y yo toqué el bandoneón, y al terminar fue muy gracioso. Me dijo Gardel: “Pibe, tocando el bandoneón sos un fenómeno, pero tocando tango sos un gallego”.

¿Qué diferencia establece entre ‘música ciudadana’ y lo que la gente llama generalmente ‘tango’ y por qué esa acusación a Piazzolla de hacer ‘música ciudadana’?
Porque es una tontería. ¿Qué es la ciudad de Buenos Aires? ¿Cuál es la música que define la ciudad de Buenos Aires? Yo hago, por ejemplo ahora, ‘música de Buenos Aires’. ¿Qué es la ‘música de Buenos Aires’?
Tango, por supuesto.
Entonces estamos en la misma pero hay algunos que se conforman con que yo diga: “Piazzolla hace música de Buenos Aires”. Están contentos. “No hace tangos”. En el fondo yo estoy contento porque soy un tanguero de alma, yo si quiero tocar como tocaba en el 44 puedo tocar y si quiero tocar a la manera de todos puedo tocar, porque tengo condiciones para hacerlo y no es ninguna pedantería; quizás hubiese sido una pedantería cuando tenía veinte o treinta años; a los cincuenta y cinco se me ha ido la pedantería. Soy un hombre muy maduro, conozco todo, así que el que cree que yo soy pedante está absolutamente equivocado. Una vez dije: “Yo puedo tocar como ellos y ellos no pueden tocar como yo”. Es cierto, ¿por qué no lo puedo decir?
¿Cómo se comportó el periodismo argentino ante Astor Piazzolla? Porque usted recuerda que en un determinado momento Piazzolla estaba bastante descontento por el tratamiento de la prensa argentina…
La prensa argentina siempre me ha tratado muy bien, solamente en este caso algunos periodistas que estaban muy aferrados al tango tradicional, sentimentalmente hablando, me atacaron. Si yo no hubiera sido Piazzolla, yo con cincuenta y cinco años seguiría escuchando los discos de Florentino y de Vargas, pero ya no. Yo soy Astor Piazzolla, tengo cincuenta y cinco años, estoy en otra cosa.
Piazzolla en el escenario de la Ciudad hace pasar un disco o un cassette donde hay un pajarito que está cantando, y dice: “Estos son los pajaritos que nosotros los músicos tenemos en la cabeza”. ¿Cuáles son los pajaritos de Astor Piazzolla?
No, no son los pajaritos de un cassette, ese es el sintetizador de Daniel que imita 600 mil sonidos distintos, así que no era un cassette. Entonces son 10 puntos para Daniel. Sí, puede imitar cualquier cosa con el sintetizador.
Es increíble.
Le aconsejo que algún día si se quiere divertir un rato, vaya a hacer un reportaje a Daniel y que le haga saber él qué es un sintetizador, cuáles son las posibilidades, qué es lo que se hace con un sintetizador.
Prometido ese reportaje.
Y se va a divertir, y el público se va a divertir también, porque realmente es un instrumento muy extraño. Los pajaritos los tenemos todos los tipos que hacemos algo en este mundo; yo tengo pajaritos como usted los tendrá también, porque si no este hecho de hacer un reportaje… usted hace cosas, pienso que esos son pajaritos, los de nosotros que nos llaman locos, los rayados, los piantados, ¿sabe?… No, pienso que el mundo está dividido en dos partes, los que son locos o rayados. Nosotros no somos idiotas.
Debo entonces hacerle una pregunta necesaria, ¿qué es para Piazzolla ser argentino, ser porteño, ser siglo veinte?
Ser argentino, ser porteño, es una problemática, eso. El hecho de ser argentino es que puedo decir: “Soy argentino. ¡Basta!”.
¿Hay un sentimiento de patria? A eso me refiero.
Cómo no lo va a haber, diablos. Sí hay, y ser porteño, ahí viene la cosa, yo soy de Buenos Aires, nacido en Mar del Plata, pero soy porteño porque estuve toda mi vida acá en Buenos Aires, viviendo. Esto es Buenos Aires, desde mi balcón veo el río, la largada de los 1.000 metros en Palermo que tengo enfrente. Estas calles de Buenos Aires que tienen ese qué sé yo, como dice Ferrer, y que vos estás afuera y sentís olor a mate, olor a queso y dulce, olor a amigos, olor a Buenos Aires, porque en Buenos Aires… ¿Nunca se detuvo a sentir el olor, el perfume que tiene? Tiene un perfume particular.
¿Cuál es?
No sé, pero no tiene el perfume de Roma o el de París o el de Londres. Buenos Aires tiene su perfume, no sé cómo es, pero acá se siente otro aire, se huele otro aire.
¿Contó eso con la música?
Bueno, eso lo capté con el olfato y eso me va directamente al corazón y lo voy largando todos los días; éste es el Buenos Aires que uno quiere, y por el cual sufre y lucha tanto, uno no lucha, vuelvo a repetir, los que luchan son los que están en los laboratorios, que hacen un gran bien para la humanidad; esa gente sí que merece un capítulo aparte. Nosotros los músicos no luchamos, es una mentira eso; nosotros trabajamos. ¿Usted cree que yo estoy luchando en la ciudad? Yo no estoy luchando, estoy trabajando y en el más feliz de los mundos, y cuando tengo que hacer 2 mil kilómetros no me duele, me gusta, entonces ¿dónde está la lucha? ¿Cuando yo escribo? Si yo estoy escribiendo porque me gusta. Luchan los tontos, a los que no les gusta escribir música, los incapaces, pero a la gente que le gusta tocar el piano, que le gusta tocar el bandoneón, que le gusta escribir, que le gusta hacer cosas, la lucha no existe en ellos, simplemente es el trabajo.
¿Cuándo lloró con rabia, con bronca, con fuerza?
Ayer puede ser, o antes de ayer, en cualquier momento en que estoy trabajando, quizás, nadie se da cuenta y a lo mejor estoy largando un lagrimón.
¿Cómo es un día en la vida de Astor Piazzolla?
Muy tranquilo.
¿A qué hora se levanta?
Casi al mediodía porque trabajo hasta tarde y escribo durante la tarde y después me voy a trabajar a la noche. Son casi 7 horas que estamos, con 2 horas ensayando. Miento, son 6 horas entre una cosa y otra.
Los viajes posteriores, ¿qué va a hacer después de todo esto?
Este año viene dura la mano. Voy a radicarme en París después de mayo, primero voy a Roma a arreglar algunas cosas, después a Milán, quizás a grabar y después con mi auto me doy el placer de cruzar los Alpes en dos días, de Milán a París; pasar por las nieves eternas me hace bien, son casi mil y pico de kilómetros, pero llego a París renovado, aún más fuerte.
¿Qué significa y qué significó para Piazzolla la figura de Mario Trejo?
Mario Trejo es un gran poeta. Punto. No toquemos otra cosa.
Quisiera saber qué músicos merecen en la actualidad el respeto de Astor Piazzolla.
Yo siento un gran respeto por Osvaldo Pugliese, por sus setenta años.
¿Quién es Mulligan para Piazzolla?
Mulligan sigue siendo el número uno como saxo barítono y fue un gran momento para mí haber grabado con él, porque lo admiré toda la vida, porque escribí todos los arreglos y además Piazzolla no hizo música norteamericana. Mulligan tocó la música de Piazzolla y eso es muy positivo para nosotros.
¿Por qué su aparición en la tapa de la revista L’uomo junto a Mulligan, vistiendo tapados de piel?
Mire, no es lo que piensa toda la gente, que Piazzolla andaba muy mal económicamente y entonces tuvo que posar. Mi editorial pagó 15 mil dólares a la revista para que apareciera Mulligan y yo, porque ellos tienen el disco de Mulligan y Piazzolla. la mejor manera de promocionar un disco era que saliéramos los dos en la revista Vogue luciendo sendos tapados de piel, no de modelo, a mí no me ayuda ni la cara ni el físico para ser modelo, pero mire, mientras me dejen hacer mi música, aunque yo tenga que posar desnudo no me importa nada.

¿Qué representa para Piazzolla el amor?
Cuando es verdadero es la cosa más linda del mundo.
¿Le pasó?
Tantas veces… que creía… quizás a lo mejor me equivoqué, no sé.
¿Qué pasó con Amelita Baltar?
Nada, nos separamos como amigos, se cumplió un ciclo de siete años. Hubo una gran cosa que fue: ella cantante y yo músico, somos bastante neuróticos los dos, todo artista es un poco neurótico y entonces a pesar de que la pasábamos muy bien, ella quiso seguir cantando por su cuenta, ya que lo mío se daba mucho más en el terreno instrumental, y lamentablemente nos separamos.
¿Opinión de Piazzolla sobre la ópera?
Puccini es el gran maestro de la ópera. La ópera de Alban Berg, el Woyzeck, que es una obra genial, insuperable. Penderecki me gusta mucho; yo escribí una pequeña ópera que se llamó María de Buenos Aires, que me hizo además muy feliz.
¿Qué opina de Perusso, de Tauriello, la gente del Colón, inclusive Calderón, si es posible?
Son magníficos músicos todos y Calderón también y Simón Blech, un gran director, y nosotros tenemos unos músicos realmente extraordinarios; le nombro a cuatro, a Gianelli, a Di Gregorio, oboe, Di Filippo, oboe, Cocchiararo, y un hombre que es un genio que toca el corno, no lo recuerdo en este momento, es del conjunto estable del Colón.
¿Qué significa para Astor Piazzolla la amistad?
Hay dos tipos de amistad, la amistad con el hombre y la amistad con la mujer. Yo no puedo tener una amiga mona y hablar todo el día de arte y de plantas y de comer. La amistad con el hombre es distinta, salvo que sea la mujer, la hermana o la novia de un amigo, ese es otro mundo, el gran respeto que uno le puede tener. Pero cuando no se trate ni de la hermana, ni de la novia, ni de la esposa de un amigo, a mí ya me cuesta trabajo. Puedo ser amigo de ella si es muy fea.
¿Qué importancia le da a la amistad Astor Piazzolla?
Esa. Es la amistad que no pude tener en Europa; allá se hace todo por interés, eso es lo que más me revienta personalmente y eso es lo que me hace venir a la Argentina, y eso es lo que va a hacer que me quede y que no vuelva más a Europa.
La última pregunta. Si en este momento Astor Piazzolla tuviera que lanzar un desafío, ¿a quién se lo largaría?
Yo siempre largo un desafío a mí mismo. Yo estoy haciendo las cosas que aprendo todos los días, y siempre estoy en el continuo desafío todos los santos días.
Piazzolla, músico de Buenos Aires, “genio” según Roberto Goyeneche y según muchos.
A veces mal genio.
Aunque algunos dicen que los genios están trabajando en los laboratorios en estos momentos, le damos la bienvenida para siempre, lo fijamos un tanto como dice Espinosa respondiendo a Borges: “la piedra eternamente quiere ser piedra”. Vamos a ver si Astor Piazzolla seguirá siendo eternamente Piazzolla.
Colaboró: Antonio Domínguez

*Entrevista publicada originalmente en el n. 4 de la revista Mantrana 7000, en 1976.