En esta charla, el autor de Rabia habla sobre la publicación de Relatos reunidos (Interzona) y La primera vez que escuché reggae (Random House), una buena puerta de entrada a su literatura, que se mueve entre la sensibilidad narrativa y la ruptura de sentido.
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Diego Cano: ¿Cómo surgió Relatos reunidos?
Sergio Bizzio: Fue idea de Guido Indij, el editor de Interzona. Al principio queríamos que estuvieran todos los cuentos, pero nos encontramos con el problema de que publiqué en cuatro y hasta cinco editoriales distintas, entonces era un lío por el tema de los derechos. De un libro que tenía cinco relatos, podían cederme dos. De modo que seleccioné los que más me gustaban. Me gustó trabajar con material de otras épocas, ordenar los textos como si fuera un libro nuevo. Me sentí como el adolescente que alguna vez fui que se ponía a hacer selecciones musicales para grabar un cassette.
Al leer todos los cuentos juntos uno puede encontrar dos andariveles en tu literatura. Uno que transita la sensibilidad narrativa (ubico ahí “Un amor para toda la vida”, un cuento que me encanta) y otro que va por la ruptura del sentido.
Me gusta eso. Y me gustaría incluso que hubiera más de dos características principales. Siempre tengo la intención de que lo que empiezo a escribir hoy sea distinto de lo que escribí ayer. Cuando me siento a escribir un relato o novela nueva siempre me siento un aficionado, un principiante. Tengo que aprenderlo todo otra vez. La característica en común que tienen mis cuentos es que cobran vida cuando se convierten en una experiencia. Eso lo veo en todos, tanto en los que transitan un realismo más lineal como en los que son más surrealistas o aparece el nonsense. Ahora también publiqué un libro con cuentos nuevos, La primera vez que escuché reggae (Random House).
Ahí hay un cuento, “La deriva de Yusuke”, narrado en primera persona por una chica. De repente, la narración pasa a tercera. Sigue contando la misma chica, pero narrando en tercera persona. Esas cosas me gustan, me divierten, no las tengo planeadas. Aparecen durante la escritura. A mí la escritura me tiene que sorprender, no llevarme a un punto predeterminado. Cuando sé dónde voy, me aburro.

¿Cuánto hay planeado en tus relatos?
La verdad es que no tengo nada planeado cuando voy a escribir. Nada. La única idea que tuve más o menos completa en la cabeza fue la de Rabia (2004). Creo que nunca más me volvió a pasar eso. Yo empiezo por la frase. Mi procedimiento consiste en escribir una frase y después la segunda. Y por supuesto, en algún momento, como decía Roland Barthes (traducido al español): “algo cuaja”. Algo cuaja, se apodera de mí y me lleva. Algo empieza a llevarme, y lo más lindo de todo es que no sé a dónde, pero ahí el texto está fluyendo. En algún momento abandono el cuento o lo termino, solamente cuando siento que hasta ahí llegue. No escribo cuentos con finales redonditos, al estilo de los cuentos tradicionales. O de los policiales.
Decías que te gustaría pensar que en tu literatura hay otros andariveles, además de los mencionados, sensibilidad narrativa y ruptura del sentido. Yo creo que podemos sumar algo que vos llamás “detallista”: cuentos que demuestran una enorme capacidad de singularidad.
Es que vengo de la poesía (risas). A mí me gustan mucho las descripciones. Me gusta leerlas y escribirlas. En la vorágine del texto apoderado por su autor, yo me detengo en las descripciones. Y, en general, cuando releo o corrijo, y para mí es muy importante corregir, trabajo en los detalles de las descripciones. Te decía que vengo de la poesía en chiste. Si a veces me sale de un plumazo, otras trabajo mucho, me demoro.
Sobre la ruptura de sentido en tu narración, lo veo como si fuera un Kafka mejorado.
No sé muy bien eso. Creo que la ruptura del sentido es la creación de otro sentido, que es muchísimo más abierto que el sentido lineal o el sentido como lo entendemos en general. A mí me interesan esas cosas. Son apariciones, como fantasmas. En La primera vez que escuche reggae hay un cuento que relata unos personajes muy razonables hasta que todo empieza a tambalear y a desequilibrarse, y el mismo cuento se transforma en una cosa completamente ajena a lo que se venía contando, sin ningún sentido. Absolutamente ninguno. El cuento que sigue a ese es casi un cuento dadaísta, diría. A La primera vez que escuche reggae lo veo como un disco, pero no como esos discos donde escuchás el primer tema y es como si escucharas el disco entero. En este libro hay de todo: relatos realistas, fantásticos, cuentos que pasan de la primera persona a la tercera, cuentos donde domina el sinsentido, un cuento muy sencillo, que no tiene nada que ver con todo lo anterior.

En tus narraciones siempre aparecen ovnis y extraterrestres que escapan al estereotipo. ¿Tenés como una obsesión con el tema?
Me gusta la literatura de extraterrestres y las películas. Y me gustan los extraterrestres. Soy amigo de los extraterrestres, literalmente amigo, porque mis amigos de infancia en el pueblo son ellos: cuando hago descripciones de los extraterrestres uso cosas que hacen o dicen mis amigos de la infancia y adolescencia. Además, es un universo de absoluta libertad. Puede pasar cualquier cosa. Eso me encanta. No son cuentos de ciencia ficción. No tienen nada de género, excepto quizá de la gauchesca. Mis extraterrestres son muy pueblerinos, muy provincianos. Estoy hablando de otra cosa en realidad, no sé bien de qué otra cosa, pero no es la convención del extraterrestre universal.
Maximiliano Crespi dijo que tu literatura es la más importante de la Argentina contemporánea. Más allá de coincidir o no con él (yo coincido), ¿qué te produce el elogio?
Me da pudor. Y ahora, con tu mención, me dan dos pudores [risas]. Al mismo tiempo es satisfactorio, son unas gotitas de satisfacción en medio de la gran tormenta en la que vivimos.