“Deschavar la metafísica, los plagios y las ontologías chichi”: una entrevista a Alberto Laiseca
En el día en que cumpliría 85 años, exhumamos un reportaje con el novelista y cuentista rosarino, publicado originalmente en La muela del juicio, revista cuatrimestral de La Plata, en su número de diciembre de 1994-abril de 1995. 

Por Verónica Delgado y Federico Reggiani

Fotos del artículo original: gentileza Analía Capdevila

Dispuesto a convencer a sus descreídos entrevistados, y a punto de lograrlo, Laiseca habló de zombies, magos, López Rega, Vietnam, ética, estética, mística, práctica. A lo largo del reportaje se preocupó por el paradero de su gato, pidió más preguntas y fumó cantidad de sus canónicos Particulares para confirmar que, como sostiene, “vicio no es fumar”.

Contra toda posibilidad de una lectura que acentúe el carácter delirante de sus textos, Laiseca insistió en la verdad de su ficción. Las princesas egipcias y las murallas chinas son tan reales como los peligros de los trabajos esotéricos. 

Este copete se abstiene de señalar que Laiseca es alto, tiene grandes bigotes y una enorme novela inédita que se llama Los sorias.

Usted dice en algún lugar que todo lo que escribe en El jardín de las máquinas parlantes sucedió, y que “a quién no le han hecho un trabajo”. ¿Qué hay de cierto en todo eso?

Es todo verdad, es todo cierto eso. Los trabajos mágicos están a la orden del día en Buenos Aires. Mirá: se suele decir que Haití es la Patria del zombie. Es posible que sea la Madre Patria, pero después están las “hijas patrias”: en Argentina también se fabrican zombies, no solo en Haití o en Brasil.

Nosotros pensábamos que eso modifica en gran medida el modo de leer la novela.

Se puede leer de varias maneras. Se puede leer como una simple novela de ficción; obviamente no es necesario que vos creas en la magia para que la disfrutes. El que quiera sacar además otro provecho, también puede leerlo… La magia es una terrible realidad y las más grandes magias tienen lugar en todos los países del mundo. Argentina es uno de ellos. También en Inglaterra y en Francia siempre hubo grandes magos, una cantidad de gente, y sigue habiéndolos. Napoleón tuvo su grupo esotérico, algo que poca gente sabe. Hasta los comunistas tenían, sin decirlo, sus brujas personales; hasta Breznev, tuvo una bruja durante muchísimo tiempo. Todo el mundo sabe que Hitler tenía su equipo esotérico, sus magos y astrólogos, y les preguntaba cosas. También los ingleses; y Churchill tenía su equipo de brujas, pero no en función de Hitler, como he leído en algunos lados. Tenían brujos y adivinos porque creían en la magia, los ingleses. Porque yo te podría decir, a ver, “el supersticioso de Hitler cree en esas cosas, yo soy Churchill, no creo en esas cosas, en nada de eso. Usted dígame que le va a aconsejar el astrólogo a Hitler, donde atacar de acuerdo a los astros, para cagarlo”. Pero no es así, también eso, pero fundamentalmente porque los ingleses sí creían en esas cosas, creían en el esoterismo, en las fuerzas esotéricas, pero no en función de Hitler, “el supersticioso ese”. A través de la astrología podían prever los movimientos militares que podía hacer Hitler. Hay una larga tradición esotérica en Inglaterra.

En este marco, ¿se modifica el modo en que la novela puede inscribirse en el conjunto de las ficciones que circulan usando los mismos materiales: el cine de terror, por ejemplo?

Las propias películas de terror tienen aunque sea un fragmento de realidad. Los zombies existen, no se construyen como dicen en las películas de terror, pero se construyen y se fabrican. También existe el Golem, ser mágico que nada tiene que ver con el zombie. En la novela hablo de la construcción de ambos bichos, tanto del zombie como del Golem. Yo he leído con mucha atención, recientemente, a Frankenstein de Mary Shelley, y me doy cuenta que ella le pegó, no es que supiera esoterismo, no sabía nada de esas cosas. Era una escritora, una poeta, con una gran fantasía. Pero el poeta tiene eso, el verdadero creador tiene eso, cuando se mete en la cuenca oceánica de la creación, se relaciona sin saberlo, con otros mundos. De ninguna manera podía saber Mary Shelley que estaba hablando de la verdad. Uno de los Golems se construye exactamente como ella dice: atan el cuerpo conectándolo a un pararrayos dándole corriente eléctrica como sale en las películas y todas esas cosas. Sólo que el esoterista, además, tiene que tener una relación sexual para terminar de darle vida. Y termino de contar más sobre ese hecho, lo nefasto de cuando se construye mal el Golem, en Los sorias. Pero Los sorias no está publicado; de todas maneras me interesa mucho que se hable de esta última novela, la última que se publicó, El jardín de las máquinas parlantes.

Dentro de la tradición literaria argentina a usted siempre se lo ha vinculado con Arlt. ¿En qué se diferenciaría su postura con la de Arlt?

Por ejemplo en Los siete locos, el famoso Astrólogo cree en la revolución pero no cree en la astrología. Dice “Soy Astrólogo” como quien dice “Soy Plomero”. No es un hombre mágico, el Astrólogo. Es un hombre con un destino, con una condena y con una causa, buena o mala no interesa, pero con una causa. Pero no es un hombre mágico, no más que lo que podamos serlo todos nosotros. Me da la impresión leyéndolo a Arlt que ni el Astrólogo creía en la astrología: la tenía como una cosa para embaucar gente, vaya a saber qué; porque si hubiera creído seriamente en la astrología, él hubiera andado hablando “que la revolución tenemos que hacerla cuando Saturno coincida con no sé qué cosa”, y eso no es así. Ni pelota se le da a todo eso. Arlt mismo no debía creer en esas cosas. Yo sí creo. Esa es la gran diferencia… Mi fe es profunda en esas cosas.

En la última novela, justamente en relación con lo que se cree o se presenta como real, hay un trabajo bastante marcado sobre la historia política argentina de los últimos años. También allí habría una relación de vecindad con Arlt, en el hecho de trabajar sobre la historia política de un modo más o menos delirante.

Eso es menos delirante de lo que parece. Ahí, te habrás imaginado que aparece López Rega, y el Quetzal es Perón. Todo eso también pasó; algunas de esas cosas llegaron a conocimiento de la gente y otras no tanto. López Rega estaba bastante loco y era muy malo. Durante un tiempo gozó de poder esotérico; después le fue quitado. Le fue quitado porque se portó mal, como los chicos, y en el esoterismo portarse mal tiene un terrible castigo. López Rega tenía un equipo esotérico que se ocupaba de buscar giles, de enganchar gente; él mismo se tomaba a veces la molestia de buscarlos en astral, y los usaba como carne de cañón para sus operativos esotéricos. Todo eso es verdad y todo eso pasó también. Es delirante quizá la manera de contarlo, pero yo diría que esas conversaciones tuvieron lugar y hasta taquigráficamente. Todas esas cosas pasaron, todas esas cosas López Rega las dijo, y cagó fuego así como se cuenta en la novela.

¿Perdió el ka?

Sí, así es. No por un personaje determinado (ese personaje existió, murió hace tiempo: el gordo Sotelo está basado en la realidad). No es que Sotelo lo haya matado a López Rega, al ka de López Rega, sino que él ya estaba en caída, ya estaba en picada. Porque él ya se había empezado a mandar cagadas con la sociedad esotérica a la que pertenecía. Supongamos, vamos a hacer un ejemplo, que yo estoy por protegido por ustedes. En realidad la fuente de todo mi poder viene de ustedes, son ustedes los que me protegen y me cuidan. Ustedes están en las sombras. Yo doy discursos, me hago el macho, en realidad todo me viene de ustedes dos. Pero un día yo me olvido, me la creo en serio que yo soy el súper, y cuando ustedes me vienen a tirar de las bolas porque me mandé alguna cagada, yo les digo: “¿Ustedes quiénes son para venir a interpelarme a mí?”. “Ah sí, ¿quiénes somos? Esperá, veni pa’ acá, papito”. Y se la dieron con tutti. “Vos estas acá para hacer lo que nosotros te decimos, vos no te la tenés que tomar en serio ésta de que sos el campeón, que sos campeón de las pelotas”. Y toda la P2 cagó así, por hacerse la pica. Es una de las sociedades esotéricas que cagó fuego. Todos fueron defenestrados, de Italia para acá. Se creyeron más fuertes de lo que eran: vos no podés desafiar al mundo, declararle la guerra al mundo y creerte un campeón, porque vas a tener dificultades. Es lo que le pasó a López Rega. En realidad López Rega empezó a caer por eso. Fue una lucha entre sociedades esotéricas. La suya perdió porque fueron arrogantes, porque no supieron conservar su lugar. ¡Todos eran unos jodidos! No te creas que ganaron los buenos, o por el contrario, “el gran López Rega, ustedes nunca lo comprendieron, ese sí que era bueno”. Eran todos malos. Pero los otros eran más fuertes, y eran menos arrogantes. Eran más conscientes de su fuerza. López Rega no fue consciente, ni él ni su equipo esotérico, empezando por el Geli, y gente de allá de Italia. De Italia para acá tipos más grandes que él, más fuertes que él cagaron fuego.

¿Eso tuvo una emergencia política?

Eso tuvo una emergencia política, claro, pero tuvo toda una infraestructura mágica, apoyándolo.

Es raro que lo que uno lee en el libro como parodia o como absurdo se propone como representación de lo real. Algo similar ocurre con las doctrinas que aparecen en Por favor… ¡plágienme!

Ah sí, por supuesto, todas esas doctrinas existen o han existido con leves variaciones; el budismo chasco ese, y todos los otros. En el fondo ninguna de las cosas que yo fabriqué están divorciadas de las esencias de cosas que han sido sostenidas alguna vez, de las esencias absurdas o locas.

Vinculado con la relación entre literatura e historia, pensábamos en el modo en que podía leerse Matando enanos a garrotazos en 1982, cuando fue publicado: cómo podía leerse en ese momento el relato de una matanza, el relato de los modos de deshacerse de los cuerpos, un cuento como “La solución final”.

No, no, era un cuento muy viejo que yo tenía. Lo reescribí; lo escribí antes del Proceso. Estaba en un viejo libro mío que así era impublicable. Ese cuento debía ser una de las cosas más rescatables que tenía el libro, un libro muy antiguo. Se llamaba El libro de los carbonizados. Se lo llevé a un editor y él me dijo: «mirá, yo te lo publico, pero algunas cosas se las tendrías que cambiar”, y tenía razón. La verdad que tenía toda la razón del mundo, y yo en ese momento le dije, no sé, “tiene que ir entero”, por algún orgullo estúpido. La verdad, que tenía razón. Me alegro en el alma que no me haya dado bola, menos mal, porque hubiera salido un libro chasco, que no me gustaría que siguiera en la calle. Pero no tenía que ver con el Proceso, era más intemporal, digamos era de “holocaustos atemporales”.

Esta cuestión con la realidad “cercana” que veíamos en estos libros nos lleva, como contradicción, a las “novelas exóticas”. Por la misma época se publicaron La perla del emperador, de Guebel, Una novela china, de Aira, La hija de Kheops. Y pensábamos que, más allá de que fueran escrituras totalmente diferentes, podía pensarse eso como un gesto de producir un tipo de escritura distinto del que se venía legitimando. Piglia, por ejemplo…

Yo les voy a decir una teoría mía. Una teoría mía, nada más. Como toda teoría está sometida a verificación. No sé cómo se podría verificar esto. Yo tengo la idea de que cada tanto en los países se produce —no sé si por razones astrológicas— algo que sube, y lo cazan distintas personas. Lo que sube puede ser más o menos importante. Por ejemplo, sucedió con la doctrina de Darwin de la evolución de las especies. Más o menos por la misma época Wallace sacó una teoría exactamente igual, sólo que con menos detalles. Wallace si no me equivoco era australiano. Darwin, como se sabe, era inglés. Pero nadie plagió al otro. Eso es lo interesante del asunto: son creaciones independientes. Podría ser casualidad, pero ya es demasiado que en la misma época Newton y Leibniz fabriquen el cálculo diferencial. Y que nadie plagió a nadie —aunque Newton acusó a Leibniz de plagio injustamente— se prueba porque las notaciones son diferentes. Cada tanto surge algo y los hombres lo cazan. Yo no me estoy comparando, obviamente. No estoy diciendo que Laiseca y Guebel son como Leibniz- Newton ni como Darwin-Wallace. Lo que estoy diciendo es que a veces surgen cosas. O chiquitas, o medianas, o grandes, y las personas las cazan. Eso es una teoría mía. A veces surgen cosas. Y surgió volver al pasado. Seguramente a muchos otros se les ocurrió al mismo tiempo. “No… que me voy a meter a escribir una novela histórica, no me interesa. Además hay que estudiar mucho”. Esa es la única explicación que se me ocurre. Yo sabía que Aira había escrito Una novela china, creo que es anterior a la mía, pero no me basé en Aira: él la escribió porque subió de abajo algo. Esa es la única explicación. Los plagios existen, pero son menos frecuentes de lo que la gente cree. Y tampoco es casualidad. No es ni plagio ni casualidad. Y Guebel, no tenía la menor idea que estuviera escribiendo La perla del emperador. Además es otra obra distinta.

Otra cuestión podría ser “Cómo hacer para que no nos lean siempre ligando a la literatura de una manera funcional con la historia”. Lo que estuvimos haciendo nosotros hasta hace un rato.

Pero es raro, llama la atención y es una pregunta que cabe hacerse. Bueno, está bien, todo el mundo ya está cansado de tocar los mismos temas, pero qué casualidad, justo esa vertiente se le da a varios escritores juntos. La única explicación para mí es esa. Yo creo en ese tipo de cosas. ¡Creo en serio! 

¿En qué línea de lo que es la literatura argentina se inscribe? Alguna vez se refirió a una cierta tradición “underground”, una tradición de cultura paralela. Allí citaba a Federico Moura…

Pero los cito porque los quiero y los respeto, no porque sean marginales.

No pensábamos en marginales en un sentido social, sino en relación con lo que se estudia en la universidad o aparece en los suplementos culturales.

Yo me formé, no sé explicarte muy bien por qué, un poco en ese lado, en el “underground”. Fui bastante underground durante muchísimo tiempo. Que yo hoy ya no sea más underground es otra cosa, y muy feliz que estoy de no serlo. Pero ese viaje, ese pasaje, me permite ahora poder ver la grandeza en otros mundos, en lo que se llama lo marginal. Cuando yo veo la grandeza en lo marginal lo cito, lo rescato. Eso no quiere decir que yo esté en una línea. Yo toco muchas líneas, porque a mí me conmueven diversas cosas. Me conmueve la astrología, me conmueve la física teórica. Me conmueve Shakespeare, que no tenía nada de underground, y Oscar Wilde, que era un esteta, y me conmueve también Federico Moura.

Algo que no lo conmueve, o por lo menos no se deja ver es la cuestión de la teoría literaria. Hay escritores que tienen una relación con la teoría muy fuerte. No sé si lee teoría…

No, no leo teoría

Parece haber una marca de esa biblioteca anómala que construye.

Sí, tiene que ver, mi biblioteca es anómala, bastante. Me interesan los hechos insólitos, esas cosas. “A cuantos grados el acero…”

Eso aparece después en los libros…

Sí, son exactos los datos. Yo laburo mucho para hacer esas pavadas. Los cálculos delirantes tienen que ser exactos. Eso es muy importante, es una manía mía. Paso horas y horas. A veces para los cálculos absurdos paso mis horas que para escribir el cuento mismo. Todo eso del Super Coya, y cuántos cadáveres entran en un volumen. Me pasé más tiempo para hacer esos cálculos absurdos y al pedo, si se quiere, pero que me produjeron un gran placer, que para escribir el cuento.

Hay una suerte de máquina fagocitadora de discursos o materiales completamente heterogéneos. En particular en Por favor… ¡plágienme!

Vos me preguntás por la intención con que escribí Por favor… ¡plágienme! Qué quería hacer yo.

¿Qué quería hacer con Por favor… ¡plágienme!?

Yo quería ser justo con un tema en el que es muy difícil ser justo. Es muy difícil ser justo con el plagio. Si me preguntan si estoy a favor del plagio yo contesto que no, de entrada. Pero después empiezan los matices. Yo desenmascaro los plagios que más odio que son los plagios ontológicos (normalmente se plagia la mierda, la mierda ontológica). Eso hice yo en toda la parte final, donde deschavo a cada uno de los autores, tanto los que me gustan como los que me disgustan, ontológicamente. Puedo amar mucho sus estéticas, pero sus ontologías muchas de ellas las detesto. Deschavo la ontología de Bradbury, sus contradicciones; deschavo las fallas de Poe, a quien amo con todo mi corazón. Con Oscar Wilde, de quien no tengo nada para decir, salvo esa discusión donde él se aferra demasiado a la estética (yo pienso que uno tiene que seguir los cuatro mundos: la ética, la estética, la mística y la práctica). Mantengo discusiones que podrían ser de dos amigos, no de dos enemigos. En cambio con Bradbury podría ser un enemigo. Y está muy deschavada la ontología de Gustav Meyrink, el autor del Golem, y la de Herman Hesse, que es una ontología medio infantil. Trato de demostrar eso. Y eso es una de las cosas que quise poner en el Por favor…, deschavar la metafísica, y deschavar los plagios, las ontologías chichi; cómo hay gente que adhiere a ontologías sin saber por qué. Hasta grandes escritores, que creen estar haciendo grandes descubrimientos, y son plagios de la peor cosa. Si acaso plagiaran las cosas buenas, enhorabuena, pero plagian lo malo. 

Nota original en la revista platense La muela del juicio

¿Se puede definir de algún modo una “falla ontológica”?

Falla ontológica consiste en decir que es el Ser lo que es Anti-ser. Ahora, para ponernos de acuerdo sobre qué es el Ser y qué es el Anti-Ser… habría que discutir un rato. Yo creo que todo lo que tenga que ver con el sexo y con la vida está cerca del ser. Lo que está con la represión del sexo y cosas así pertenece al gremio de mis enemigos. Eso está en todas las obras mías.

La prostitución es sagrada…

La prostitución es sagrada. La hija de Kheops…. yo creo que la practicaba, y creo que la practicó esa hija de Kheops. La hija existió. Me basé en Heródoto para poner toda esa historia.

Uno, que no conoce a Heródoto, puede tomarlo como un elemento muy creativo.

Eso lo he hecho siempre. Con la novela histórica lo que menos deseo es ser creativo. Soy creativo a mi costa. Yo no quisiera crear. Ahí quisiera plagiar. Lo he hecho muchas veces. Yo quisiera tener una máquina del tiempo y decir “los bloques de la pirámide los subieron así y asá”, pero lo digo mientras miro el video. Así hubiera querido yo. Desgraciadamente tuve que ser creativo, porque de la cuarta dinastía se sabe muy poco. Incluso también se sabe poco, y las informaciones son muy contradictorias, de la construcción de la muralla china. Yo tuve que sacar de los escombros del pasado, tuve que hacer una reconstrucción casi geológica, geológico-histórica. Hacer una reconstrucción de lo que realmente pasó es muy difícil. Y en Por favor… ¡plágienme!, para completar este asunto, además de la cuestión de la ontología, me preocupé por mostrar muchísimos plagios que ya no tienen que ver con la ontología sino con la chapucería. Pero hay plagios que son legales. Si vos evitás todo plagio, toda influencia, te pasa lo que le pasó a ese personaje que quedó colgado del techo, hubo que bajarlo con una espátula. Traté de ser justo con el plagio. Eso es lo que me propuse.

¿El plagio era una manera de convertir la lectura en escritura? Una manera de acabar con la angustia de las influencias.

No vas a acabar con la angustia de las influencias porque uno no quiere que la influencia sea demasiada. Pero también tenés que purificarte. Lo que quise mostrar es la perpetua contradicción en la creación. Hasta qué punto dejar que el otro llegue, hasta qué punto pararle la mano. Quise ser, en una cosa muy cortita, lo más completo posible, en un tema en que es muy difícil ser justo.

Eso está en la estructura del libro. Cuando lo compré esperaba un “ensayo” habitual… Además está publicado en una colección de ensayos…

Pero es otra manera de hacer ensayos. Yo tengo la idea de haber hecho un ensayo. ¿Vos no?

Algo que llama la atención es el uso de remisiones constantes a los libros de ficción, y de todos los libros entre sí.

Es cierto, eso es lógico, porque mi cosmovisión es una unidad.

Y en relación con estas remisiones, pensábamos que sus libros exigían un lector iniciado, no en sentido esotérico, si no en cuanto a la necesidad de haber leído otros libros para reconocer esas citas.

De todas maneras siempre trato que no sea tan así, porque sería muy terrible para el lector. “Ah yo no lo leí a Alberto Laiseca”, se compra un libro y resulta que no puede entender porque es el tomo cuatro, o el diez. Yo trato de evitar eso. Cada libro se puede leer en sí mismo, aunque vos no tengas una iniciación en Laiseca, pero digamos que tu lectura se enriquece más si has leído otras cosas mías, digámoslo así.

Hay un placer especial en reconocer…

Claro. “Ah, viste, acá está Laiseca”. (Ofrece cigarrillos). Mirá cómo duerme el gato, que no da ni cinco de pelota a nadie.

Y pensando en esto, ¿hay lectores de Laiseca?

Sí, hay lectores. Y para mi felicidad un buen número de ellos son muy jóvenes. Digo para mi felicidad porque es totalmente al pedo… si tus lectores son tipos viejos, cagaste. Te morís vos, se mueren ellos y buenas noches, Bariloche. Si te leen los pibes, ahí tenés una oportunidad de futuro. No te voy a decir como Wilde que no me interesa lo que opinan los viejos. “No me interesa para nada la opinión de los viejos”, decía Wilde, “solamente me interesa la opinión de los que son más jóvenes que yo”. Sin ser tan extremo, te diría que algo de eso hay; si no te leen los pibes, cagaste. No sirve para nada. Quiere decir que no has logrado prender. Que no tenés futuro y que tu palabra no llegó. Yo siempre quise ser un escritor viviente para la gente viviente. Mi cosmovisión no la tuve de un día para el otro, tardé muchos años para eso. Pero siempre, desde el principio, sabía que tenía algo que decir, y entonces quería transmitirlo a los otros. Si te encontrás que no podés pasar a los más jóvenes, quiere decir que has fracasado como escritor. Si te leen los jóvenes tenés una oportunidad. Es condición necesaria, no suficiente, claro.

En otros reportajes leíamos que usted quería que sus libros sirvieran. El jardín… sería un manual de buenas costumbres…

No, un manual de magia práctica, para que la gente se pudiera proteger. En primer lugar para que supiera el drama que se vive, el drama del cual no se habla. Que sepan que esas cosas existen. Siempre dije que el libro puede leerse como una simple ficción, pero también como un tratadito de magia práctica, de iniciación esotérica. Ver qué cosas ocurren y ver cómo protegerse de ellas. Si ustedes tienen la felicidad de no creer y que no les pase nada, yo los felicito de todo corazón. Benditos sean, los dos. Ojalá se mueran cada uno de ustedes a los noventa y dos años, y sin haber sabido jamás nada de esto.

Algo que llama la atención en relación con el uso de ciertos materiales, que es una cita que hace de Puig, que es casi un lugar común de la crítica, en la que Puig en cierto modo describe su propia obra.

No me acuerdo dónde lo dije…

En “El Pensamiento Literario”, en La Caja. Y pensábamos si podía compararse esa operación de trabajar con materiales, como dice allí “objetos despreciados”…

Yo trabajo con los dos. Trabajo con las acuarelas y con los objetos despreciados. Trabajo con los objetos despreciados porque trabajo mucho con el underground, pero también me interesa la otra, “el óleo” como lo llamaba Puig. Entonces cada tanto busco una frase galana… bueno, él también era galano, no sé cómo decir… me interesan todos los materiales. No me pongo limitaciones ni siento que deba trabajar en un lugar solo. Por eso mis obras son tan diferentes. Esa anomalía que notaste en el propio Matando enanos…, si vos te ponés a ver…, hay muchas otras anomalías. En una parte se resalta una cosa, en otra… 

La hija de Kheops y La mujer en la muralla me parecieron mucho más festivas que El jardín de las máquinas parlantes

Es cierto… y La hija de Kheops mucho más festiva que La mujer en la muralla.

¿Tiene que ver, en base a esa “cosmovisión”, con un triunfo del Anti-ser en el tiempo histórico en que sucede El jardín…?

Tiempo histórico, no tiempo del escritor… Seguro, hay una victoria del Anti-ser, que esperemos que no sea definitiva, estamos peleando. Las cosas que pasan en El jardín de las máquinas parlantes no pasaban en Egipto, sobre todo en Cuarta Dinastía. En otras dinastías más avanzadas y decadentes sí, pero en Cuarta Dinastía esas cosas no pasaban. Lo digo después de haber estudiado mucho  Cuarta Dinastía. Y hasta la Quinta Dinastía incluido esas cosas no pasaban, después hubo restauraciones, épocas muy podridas en Egipto; hubo de todo, cosas muy jodidas. La Dinastía dieciocho fue una dinastía jodidísima donde pasaron cosas maravillosas y cosas de mierda… en el año algo así como 2220 según los egiptólogos, antes de Cristo, vivir en Egipto era vivir en el peor lugar de la tierra. Creo que hubo algo así como sesenta faraones en sesenta días, algo así por el estilo, nos ganaban a nosotros con el día de los tres gobernadores. Después en el bajo Egipto fulano se proclamaba Faraón. El alto Egipto no le daba bola. A su vez Heliópolis no sé qué cosa. Fue el caos, la guerra civil… duró como cien años, qué terrible. Pero en Cuarta Dinastía, que es bastante anterior, 2700 AC, 3000 AC, 2800… una cosa así, la cosa era muy distinta. Había muy pocos esclavos, contrariamente a lo que se supone, por una razón muy sencilla, Kheops era un rey constructor, no era un rey conquistador. Los esclavos se traen por los prisioneros de guerra que uno se trae a casa y después vende en el mercado. Kheops salvo algunas expediciones punitivas que yo cuento, ahí en el Sinaí, para mantener a raya a los beduinos, ni se calentó, se dedicaba a construir. Y en eso le siguieron Kefrén y Micerino. Todos los reyes de Cuarta dinastía. Su padre también construyó pirámides. Coincidió con lo que astrológicamente yo llamo la era del sol que fue la era de las grandes construcciones. La pirámide es un símbolo solar. Es un símbolo por un lado militar y por otro geológico; geológico militar. Servía para darle un nombre a Egipto. Es el caso de la torre de Babel. No digo que la torre de Babel fuera esa. La torre de Babel se destruyó, como lo cuenta la Biblia. Pero la pirámide es una torre de Babel que no se destruyó. Hasta tal punto no se destruyó que Egipto se sigue llamando Egipto como se llamaba en la primera dinastía. Cuando Nasser le cambió el nombre, duró muy poco. La pirámide sigue siendo fuerte. Sigue dando nombre al país. Y Egipto no ha sido tragado por otras naciones, pese a todos los quilombos. Sigue siendo un país independiente, y yo lo atribuyo a eso. A que en la era del sol a los egipcios se les ocurrió hacer un objeto físico, aprovechando la era, para que el país quedara protegido mágicamente.

Y, en esta línea histórica en que se ubicarían los libros, nos pareció leer en los relatos de Matando… en que se hace referencia al Monitor, y pensando que en El jardín… una de las máquinas lo llama a Sotelo “Monitor”…

…eso da lugar a confusión…

Y lleva a pensar en un tiempo histórico en que la Tecnocracia es posterior a El jardín…, y que Sotelo tiene un papel ahí…

Aunque más no sea como teórico de la Tecnocracia. Lo que pasa es que yo siempre hice una joda con mi idea de la Tecnocracia. A los tecnócratas de Matando enanos a garrotazos habría que matarlos a garrotazos, como si fueran enanos. Son tipos malísimos. Pero tu duda es perfectamente lógica. Donde yo opino realmente sobre la Tecnocracia… porque hay una Tecnocracia de mierda y hay una Tecnocracia buena. Yo de eso hablo bien en Los sorias. Ahí hablo de una Tecnocracia malísima hasta que después el jefe de Estado se humaniza, poco a poco, y termina haciendo una Tecnocracia como la gente. Lástima que los enemigos ya lo tienen rodeado y lo hacen pelota. Pero hay dos Tecnocracias. La Tecnocracia que le nombra al gordo Sotelo la Máquina es la Tecnocracia buena, no la Tecnocracia chichi, la de matar mil millones de personas…

Torturar a la “indecorosa vieja”…

La indecorosa vieja…, sí, todas esas cosas. Son medio fastidiosas las viejas de los ómnibus, pero no como para hacerles todas esas cosas. Hay que ser un poco más justo con las viejas, un poco más humano.

Volvimos a Los sorias, de la cual tenemos referencias mentadas. Ciertos intelectuales pueden hablar de ella porque la han leído, y nosotros nos quedamos siempre afuera. ¿Cuál es la relación que mantiene con ese texto? ¿Es su “obra máxima”?

Para algunas cosas sí, para otras no. Siempre que se habla de una obra máxima hay que preguntar para qué, desde qué lugar lo decimos. Mi obra máxima desde el punto de vista festivo es sin lugar a dudas La hija de Kheops. Es además la que más cariño le tengo…, lo cual no quiere decir que no quiera el resto de mis obras. Pero le tengo un calor y un cariño especial. Y creo que eso se nota en el texto. Y lo escribí en una época en que era muy desdichado. Me habían pasado cosas horribles. La escribí para vencerlas.

¿La escritura como cura, en este caso?

Sí, como curación. Porque no era nada feliz en el momento en que escribía. Algunas cosas buenas pasaban en el momento en que escribí La hija de Kheops: era verano, no tenía ningún problema en el hígado en ese momento —suelo tenerlos por épocas, por ejemplo ahora, hace cuatro meses que no tomo alcohol. En ese verano dichoso, me iba como el culo, pero por lo menos tenía mi casita, a la que yo quería muchísimo, era verano y tomaba cerveza.

¿Y había mosquitos?

Había muchísimos mosquitos, sí que me motorizaban para escribir esas cosas. Y tomaba cerveza todo el tiempo y escribí la novela. Entonces a pesar de que me iba mal en otras cosas, en ésas me iba bien, y bueno había una infraestructura suficiente para poder escribir la novela. Entonces es la mejor en ese sentido. Como reconstrucción más cuidadosa la mejor es La mujer en la muralla. Desde el punto de vista en que doy esa parte de mi cosmovisión que se refiere a la Tecnocracia, eso está en Los sorias, y desde esa perspectiva sería superior Los sorias, depende de para qué.

¿No siente una especie de fracaso editorial después de haber hecho el esfuerzo de escribir las 1200 páginas de Los sorias?

Me lo tomo con mucha calma y sé que me lo van a publicar alguna vez. No me hago demasiado drama por Los sorias.

Forma parte del mito…

Sigue creciendo el mito en demientras, así que no me caliento demasiado. Pero me la van a publicar alguna vez seguro.

¿No hay nada en vista cerca?

Hubo en una ocasión, después eso se disolvió, hasta me habían dado un anticipo y todo. Pero después el editor tuvo problemas allá en España. Alguna vez se me editará con Muchnik o con otro. En ese sentido no me hago demasiado drama, me lo tomo con mucha calma.

(Continúa en la segunda parte…)

Bache

Revista digital. Cultura y sociedad.

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