24 de marzo: las baldosas de la memoria

“De acá se llevaron…”, “Aquí vivieron…”, “En este lugar estudiaron…”. Quien camine por Buenos Aires las habrá visto. Son baldosas que marcan los lugares en donde vivieron o donde secuestraron a quienes siguen desaparecidos.

 

Desde 2005 la organización Barrios x Memoria y Justicia, una articulación de grupos de vecinos y vecinas de distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires, lleva adelante distintas tareas para fomentar el ejercicio de la memoria en torno a lo ocurrido durante la Dictadura cívico-militar argentina (1976-1983). Entre ellas, una de las principales es la colocación de baldosas que recuerdan los lugares donde vivieron, trabajaron o fueron secuestradas las víctimas que forman parte de los y las 30 mil desaparecidos y desaparecidas de nuestro país. Desde la primera baldosa  (colocada en diciembre de 2005 en la Iglesia de la Santa Cruz, en el barrio de San Cristóbal)  hasta el día de hoy, se cuentan más de 1200 en toda la Ciudad.

 

 

Tatiana Sfiligoy (1973) es psicóloga, activista de Derechos Humanos y, junto a su hermana Laura, una de las primeras nietas recuperadas por Abuelas de Plaza de Mayo, en marzo de 1980. Hijas biológicas de Mirta Graciela Britos Acevedo y Oscar Ruarte -desaparecidos en 1977 y 1976, respectivamente-, las hermanas fueron adoptadas en 1980 por el matrimonio Sfiligoy, quien, según se aclara en el sitio oficial de Abuelas de Plaza de Mayo, “desconocía el origen de las niñas y acompañó a Tatiana y Laura durante el reencuentro con su familia biológica”.

Como parte de la agrupación Caballito x la Memoria, Tatiana dedica una parte de su militancia a la colocación de baldosas en su barrio. A 45 años del Golpe militar, hablamos con ella sobre el trabajo de memoria que lleva adelante junto con sus vecinos y vecinas de la comuna 6.

Además, sobre el final, compartimos el texto que el escritor Félix Bruzzone (1976) -autor de Los topos; 76; Las chanchas y Barrefondo, entre otros- leyó en 2017 durante el acto de colocación de la baldosa que recuerda a su madre, Marcela Bruzzone, y a dos de sus compañeras en la escuela secundaria del Instituto Lenguas Vivas, ubicado sobre la calle Carlos Pellegrini, en el centro porteño.

 

Por Tatiana Sfiligoy

Fotos gentileza del Facebook de Caballito x la Memoria

 

Mi trabajo con las baldosas comienza en los años del macrismo, donde, luego de resistir casi tres años para que no cerrara el centro cultural que tenía acá en Caballito, La Esquina del Arte, finalmente lo tuve que hacer, y desde entonces decidí abocarme a hacer algo territorialmente en mi barrio, para poder ganarle a lo que se generaba en ese momento en la Ciudad, que era no poder sostener un espacio cultural, no poder tener trabajo, no poder hablar con tranquilidad de algunos temas de los que veníamos hablando, o escuchar cuestiones de negacionismo.

 

 

Junto con otros compañeros empezamos a armar una agrupación barrial, con un trabajo concreto que era tomar el trabajo baldosero que se venía haciendo en Barrios x Memoria y Justicia. Nosotros fuimos, si se quiere, la primera incorporación joven a esa organización, que le dio impulso al trabajo que ya se venía realizando.

Y fueron tres años de colocar baldosas en nuestras veredas, señalizándolas, dando cuenta de que ahí había historias de vida, pudiendo rescatar a las familias que estaban en algunos procesos diferentes, porque quizás los tomaba de sorpresa que nosotros quisiéramos hacer una colocación en nombre de sus familiares, aunque al mismo tiempo se sumaban y estaban agradecidos de lo que se generaba en ese encuentro. Era poner una baldosa, hablar de ellos y recordarlos y que esos familiares se reencontraran con compañeros de ellos en esa misma instancia de colocación.

 

 

La primera fue en la calle Riglos al 700, donde funcionaba un taller de la familia Said. De ahí se llevaron a tres personas y una fue asesinada. El día de la colocación era un día lluvioso, horrible, pero fue impresionante la cantidad gente que había. Y significativamente, en ese lugar donde pusimos la primera baldosa, hace ya tres años, vivía Santiago Schuffer, que quedó muy impactado por lo que se generó ese día y hoy es uno de los referentes de Caballito x la Memoria.

 

 

Se fue armando una dinámica de trabajar con el material, con el cemento, las venecitas, con el hecho de poner las manos y sentir la energía que generábamos haciendo esa actividad junto con familiares y amigos.

Empezamos a aprender cómo hacer baldosas y cómo hacer un trabajo profundo con eso. Porque además de poner una baldosa hay un trabajo con las personas, con los sobrevivientes.

 

Es pensar qué significa esa materialidad de la baldosa como representación de un desaparecido o una desaparecida, qué valor cobra al no haber duelo, qué significado tiene para esas madres el hecho de no tener dónde sepultar a sus hijos.

Hay muchas aristas interesantes, y es un trabajo de mucho cariño.

 

Cuando nos agarró la pandemia empezamos de lleno a participar con Barrios x Memoria y  a comprometernos en un trabajo militante con mucha especificidad. Ahora tenemos que rehacer algunas baldosas porque los materiales son importantes, y cada uno tiene su librito de cómo hacerlas, y lo que vamos a hacer este año es restaurar las que se deterioraron y ya el año que viene, seguramente, vamos a seguir haciendo nuevas.


… 

“¿Qué repara una baldosa-baldosón?”

En octubre de 2017, Félix Bruzzone leyó el siguiente texto en el Instituto Lenguas Vivas.

 

Foto: Facebook de Félix Bruzzone

Hoy me desperté pensando en la baldosa. ¿Qué es una baldosa, un baldosón como este? Es esto que tenemos acá, muy duro y muy bello, y que en instantes va a estar pegado al piso. Y sí, en un punto no es nada más que eso. Pura materia muerta. Algo que en cualquier momento va a quedar tapado por el hollín de la ciudad.

Uno podría pensar, y por eso es que me levanté pensando en la baldosa-baldosón, que es varias cosas más. Uno está siempre tentado de decir: es algo reparatorio, es algo reparatorio, es algo reparatorio. Un mantra tranquilizador.

¿Puede algo como una baldosa, o algo un poco más grande, este baldosón, reparar algo de todo lo que pasó? Claramente no. Pero por qué no. ¿Porque la baldosa-baldosón no es mi mamá? La baldosa-baldosón tiene el nombre de mi mamá ahí, pegado en letras blancas, pero no es ella. La verdad es que uno lo puede ver así. Pero también verlo solo así es un poco injusto. Es obvio que nada va a ser nunca mi madre.

Hace un tiempo conversaba con Mariana Eva Perez, alias la princesa montonera (si no la conocen deberían conocerla, es muy inteligente y creativa), y nos terminábamos poniendo de acuerdo en que cuando se habla de estas cosas reparatorias, para casos como el de familiares y amigos perdidos en condiciones tan dramáticas como todos ya sabemos que fueron (y son) las condiciones de pérdida de nuestros familiares y amigos desaparecidos, es muy difícil sentirse reparado. ¿Qué puede reparar semejante cosa?

Sin embargo, pensamos, habría que ver, porque cuando uno piensa en reparar, piensa en eso, precisamente. Nadie espera que luego de romper una batidora, el reparador de batidoras te devuelva la batidora nueva. Lo roto queda reparado, nomás, y a la reparación, cada tanto, hay que retocarla un poco, incluso volver a repararla. Ya sabemos que los desaparecidos no son batidoras, pero cuando pensamos en reparación, y en si todo lo que pasó, y lo que pasa, es reparable, uno se puede componer un poco esa imagen de nuestra batidora rota en manos de un reparador de batidoras. Y creo que siempre es bueno quedarse con alguna imagen. La del reparador de batidoras poniendo todo de sí para que la batidora vuelva a funcionar no es una mala imagen.

Y tampoco es una mala imagen la de todos nosotros ayudando a hacer esta baldosa-baldosón.

Como si lo reparatorio no fuera la baldosa-baldosón, sino todos nosotros construyéndola y viniendo a pegarla hoy acá. Esa sí podría ser una imagen reparatoria. O LO reparatorio. Además, sería una reparación que incluye a mucha otra gente, y muchas experiencias que se reúnen para darle ocasión al acto reparatorio. No me quiero extender. Pero si pienso en imágenes, la imagen que más me va a quedar, de todo este acto reparatorio, y que sí es claramente una imagen de mi mamá (no mi mamá, lógico, pero sí una excelente imagen, como las que nunca tuve), es haber podido ver a las chicas y chicos de este colegio haciendo esa baldosa-baldosón, mezclando el agua con la arena y el cemento, desparramando la mezcla en el molde, emparejándola, etc. etc. Fue como verla a ella. Ella vino a este colegio y ellos también vienen a este colegio. Nunca vi a mi mamá en acción, o no la recuerdo. Y ahora los veo a ellos y puedo decir, un poco, abrazado al reparador de batidoras, gracias baldosa-baldosón, ya está, ya la vi.

 

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Cultura de relleno. Revista digital.

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