Siete nombres para conocer la poesía árabe e israelí

En su mayoría poco reconocidos y reconocidas en países de habla hispana, presentamos una selección de autores y autoras que escribieron y escriben en árabe y hebreo (y una yapa).

Es exigua la cantidad de poetas o narradores del mundo árabe, israelí y persa que son reconocibles en Latinoamérica. La barrera religiosa, cultural e idiomática y la falta de acciones conjuntas culturales entre países han hecho que apenas conozcamos algunos de esos nombres, en traducciones de traducciones (y también en algunas antologías llenas de arcaísmos españoles) pero insertos en una estructura de vasallaje cultural, en tanto existe un modelo de cultura europeizante y pro norteamericano que sobrevuela y se mantiene sobre Latinoamérica. Una muestra de esto es ese envanecimiento intelectual que tienen los poundistas latinoamericanos al repetir que “Ezra Pound fundó la poesía china”, en alusión a las invenciones que se permiten con respecto a dicha poesía.

El poeta persa Omar Jayam, en casi todas las menciones que nos llegan, aparece de acuerdo a la transcripción inglesa, Omar Khayyam (por la falta de sonido “j” en el idioma inglés). Por estas y otras cuestiones apenas conocemos el nombre de Jaim Najman Biálik, el poeta nacional israelí, o del promotor del sionismo y del habla hebrea, Eliezer Ben Yehuda.

Algunas figuras como Mahmud Darwish (Palestina), Joumana Haddad (Líbano) y Yehuda Amijai (Israel) son referencias ineludibles para quienes leen poesía. O la literatura de llaga abierta de lo humano que ha escrito el marroquí Mohammed Chukri (Marruecos). Estos y otros son nombres que se van incorporando a cierta cotidianidad lectora merced al advenimiento de internet, que nos acerca a páginas de poesía de la región árabe, aunque falta mucho para llegar, por ejemplo, a las poetas andalusí Nazhun bint Al-Qala’i, a la siria Saniya Sáleh, a la iraquí Lamía Abbás Amara o la bahreiní Ayat al-Qarmez.

La que sigue es una pequeñísima muestra de las noches infinitamente estrelladas de la poesía árabe e israelí.

Yona Wallach (Tel Aviv, Israel, 1944 Kiryat Ono, Israel, 1985)

 

Intentos de suicidio, pesadillas, insomnios y alucinaciones. Alojamientos voluntarios en una clínica psiquiátrica. Un deseo ferviente de asesinar a su madre. El medio hostil y represivo de la sociedad israelí, un padre muerto en la guerra, censuras y escándalos hicieron de la poesía y de la vida de Wallach una lengua de fuego.

 

“Tefilin”*

 

Ven a mí

Déjame hacer nada

Tú lo haces por mí

Todo lo que empiece a hacer

Hazlo tú

Me pondré Tefilin –rezaré

Tú ponte Tefilin por mí

Amárralos en mis brazos

Juega con ellos dentro de mí

Pásalos dulcemente por mi cuerpo

Frótalos fuertemente sobre mi cuerpo

Excítame por doquier

Hazme desmayar con las sensaciones

Muévelas sobre mi clítoris

Amarra mi cadera con ellos

Para alcanzar el paroxismo rápido

Voltéame sobre el estómago

Pon los Tefilin en mi boca

Cabálgame soy una yegua

Jala mi cabeza para atrás

Hasta que grite de dolor

Y tú te sientas complacido

Después yo los pasaré por tu cuerpo

Con intención descarada

Oh, qué cruel se verá mi rostro

Los pasaré despacio por tu cuerpo

Despacio, despacio, despacio

Los pasaré en torno a tu cuello

Les daré varias vueltas

En torno a tu cuello por un lado

Y amarraré el otro lado a algo estable

Algo muy pesado, tal vez rotando

Jalaré y jalaré

Hasta que tu último aliento desaparezca

Hasta que te ahorque

Completamente con los Tefilin

Que se estiran a lo largo del escenario

Y hasta la audiencia estupefacta.

 

(Traducción de Alicia Korenbrot)

 

*Filacteria, proviene del griego phylakterion. Alude a unas pequeñas envolturas o cajitas de cuero donde se encuentran o guardan pasajes de las Escrituras en la religión judía.


Fadwa Tuqan (Nablus, Palestina 1917 – Nablus, 2003)

 

Con excepción del tiempo que estudió literatura en Jerusalén y de su paso por Londres, también por estudios, vivió en su ciudad natal. Superó varios intentos de suicidios antes de ingresar a la educación y la poesía. Conocida como La Gran Dama o La poeta de Palestina, fue pionera en el uso del verso libre en la poesía árabe, feminista e ícono de la resistencia de su pueblo.

 

  1. “Parto”

El viento arrastra el polen,

y nuestra tierra se sacude de noche en los

temblores del parto.

El verdugo se engaña a sí mismo,

contándose la historia de la incapacidad,

la historia de la ruina y los escombros.

¡Joven mañana nuestra!… Cuéntale tú al verdugo

cómo son los temblores del parto;

cuéntale cómo nacen las margaritas

del dolor de la tierra,

y cómo se levanta la mañana

del clavel de la sangre en las heridas

 

(Traducción de Pedro Martínez Montávez y Mahmud Sobh)


Muhammad Al Magut (Salamiya, Siria, 1934 – Damasco, Siria, 2003)

 

Las películas Al hudud (Las fronteras) y Al taqrir (El informe) son dos clásicos del cine árabe y fueron escritas por el también dramaturgo y periodista sirio, uno de los renovadores de la poesía árabe a través de la prosa poética.

 

“Invierno”

 

Como lobos en una estación seca

brotamos por todas partes amando la lluvia,

adorando el otoño.

Un día incluso pensamos en enviar

una carta de agradecimiento al cielo

y en lugar de un sello

adherirle una hoja de otoño.

Creíamos que las montañas se desvanecerían,

los mares se desvanecerían,

las civilizaciones se desvanecerían

Pero permanecería el amor.

De pronto nos separamos:

ella gusta de los grandes divanes

yo de los grandes navíos,

ella susurra y suspira en los cafés

yo salto y grito en las calles.

A pesar de todo

abro mis brazos

esperándola.

 

(Traducción de Muar El Adhil)


Fawziyya Abū Jālid (Riad, Arabia Saudita, 1955)

Poeta, ensayista y socióloga, estudió en Estados Unidos y el Reino Unido, atravesó (y atraviesa) la censura hacia el uso del verso libre en la poesía de las mujeres, considerado en ellas como una forma de rebeldía, y ataques a recitales poéticos. A través de cierto hermetismo, Fawziyya Abū Jālid desliza las preocupaciones y falta de libertad de la mujer en un país machista y recalcitrante. Se la considera la primera mujer saudí en escribir prosa poética.

 

“El poema del agua”

 

Sumergió sus dedos en el desierto

y escribió un poema con agua de espejismo.

**

 

“Resquicio”

 

Nuestra puerta está cerrada con cientos y cientos de cerrojos,

pero la raíz de una rosa rasca la puerta del corazón

y entra por la fuerza.

¿Con qué sobornó al celador?

 

(Traducción de Eduardo Rafael Salgado Ávila)


Warda Al-Yaziji (Kafr Shima, Líbano, 1838 – Alejandría, Egipto, 1924)

La forma clásica de la qasida fue la elegida por la poeta libanesa para introducir su visión femenina del mundo árabe. Escribió diversos artículos sobre la condición de la mujer en revistas y periódicos y es considerada una figura fundamental en el renacimiento literario, cultural y político árabe que se dio durante la segunda mitad del siglo XIX, conocido como Al-Nahda.

 

“Rosa Turca, soy Rosa Árabe”

 

Rosa Turca, soy Rosa Árabe

y entre nosotras existe un parentesco muy cercano.

 

Tu padre te heredó el arte que por sus beneficios

es famoso entre literatos.

 

Entre las mujeres de la época fuiste sublime, e incluso

alcanzaste los más altos rangos en el prestigio.

 

Como perlas, tus palabras revelan

una impecable conducta moral que deja atónita a la gente.

 

Con las palabras desencadenaste pasión en el corazón del amado,

que quedó atento para escuchar cada vez más.

 

Tus noticias provocan asombro en mis oídos,

tú, noble, inalcanzable detrás del misterio.

 

Enalteces el arte cuando se asoma

la dulzura de tu carácter y la serenidad de tu criterio.

 

Tus palabras bordan el delicado papel con una refinada caligrafía

y se manifiestan como un collar de perlas luminosas.

 

(Traducción de Carolina Monza Da Silva)


+ Bonus track

Ghassan Kanafani (1936, Acre, Palestina – 1972, Beirut, Líbano)

 

Mucho más que el novelista, cuentista, ensayista, dramaturgo y articulista que expuso el sufrimiento y el exilio palestino desde el exclusivo terreno de las letras, fue un hombre de acción, integrante del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y fundador del diario Al-Hadaf, que sigue activo en Beirut. Además fue maestro y escribió en diversos periódicos de Siria, Kuwait y El Líbano. Murió a los treinta y seis años, junto a su sobrina de dieciesiete, por la explosión de una bomba colocada debajo de su vehículo, obra del Mossad (servicio de inteligencia israelí).

 

“Visión de Gaza” (fragmento)

 

(…)      — Traje unos presentes de Kuwait. Muchos presentes, pero voy a esperar hasta que te levantes, que te mejores y vuelvas a casa. Compré un pantalón, aquel pantalón rojo que me pediste, ¿recuerdas?

Fue un error que la tensión que venía creciendo sin parar dentro de mí acabó por provocar. Nadia tiritó, como si un escalofrío recorriera su cuerpo. Agachó la cabeza, guardando una calma espantosa. Sentí sus lágrimas en las palmas de la mano.

— ¿Qué ocurrió, Nadia? ¿No quieres el pantalón rojo?

Ella me miró como si fuese a decir algo, pero continuó en silencio. Después de un momento, oí su voz, que parecía venir de muy lejos:

—Tío…

Retiró la colcha blanca para mostrarme la pierna, amputada a la altura del fémur.

Mustafá, ya nunca más voy a poder olvidar eso. No voy a poder olvidar la tristeza que a partir de entonces marca todos los trazos del rostro de ella. Dejé el hospital al final de la tarde para salir andando por los barrios de la ciudad, con las manos crispadas sobre el paquete de manzanas. Con la luz del sol que caía, las calles me parecieron bañadas en sangre. Gaza me pareció enteramente diferente de la ciudad que tú y yo conocimos. Las piedras amontonadas a la entrada del barrio de Shagiah daban la impresión de transmitir algo que se me escapaba. La Gaza en que pasamos siete años de tristeza y frustración no estaba más allí. En su lugar, había una especie de inicio, de muestra de algo que venía desde el frente.

La calle principal, que tomé para volver a casa parecía el primer techo de una carretera, más larga que aquella que va hasta Safad. Gaza, y todo lo que había en ella, se estremecía alrededor de la pierna amputada de Nadia, gritaba una petición que era más que una petición, era el deseo delirante de dar de vuelta a Nadia la pierna cortada.

Caminé por las calles que el sol aún bañaba. Supe que Nadia había perdido la pierna al intentar proteger a los hermanos cuando su casa se incendió durante el bombardeo. Ella podría haber huido y escapado ilesa. Pero no fue así. ¿Tú sabes por qué?

 

(…)


Mahfud Massis (Iquique, Chile, 1916 – Caracas, Venezuela, 1990)

 

De padre palestino y madre libanesa exiliados, bautizado Antonio para ser protegido de la “turcofobia”, de adulto se renombró como Mahfud Massis para la portada de su segundo libro de poesía, Las bestias del duelo (1942). Polemista, desde su revista Polémica propuso un nuevo pensamiento estético, político y social. Fue jefe de las Brigadas de Escritores Socialistas de Chile, fundador y redactor del diario Puro Chile.

Como sus progenitores, también tuvo un final en el exilio. El golpe contra Salvador Allende lo sorprendió como agregado cultural en la Embajada chilena en Venezuela, donde murió en 1990, en su capital.

 

 

Algunos links útiles:

http://decantasion.blogspot.com

http://www.poesiaarabe.com

https://leerelmundoarabe.home.blog

 

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La Plata. 1974. Poeta. Publicó El salto de los antílopes (2012), El oleaje del mundo (2013), Los metales terrestres (Añosluz editora, 2014), La rosa orgiástica (Añosluz editora, 2016) y Cuervo negro cuervo blanco (Añosluz editora, 2020), entre otros. Promueve el Festival Internacional de Literatura y Acampada poética en la ciudad de Azul.

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