Cómo conocí a Enrique Symns 
La presentación de Un guion para Tinelli (Los píxeles muertos), la obra póstuma de Enrique Symns, convocó hace unas semanas en el Centro Cultural Recoleta a amigos y lectores del creador de la mítica revista Cerdos y Peces, fallecido en 2023. Uno de ellos fue Ricardo Ragendorfer, quien pronunció unas palabras en homenaje a su eterno compañero de bares y redacciones. Con su autorización, las transcribimos a continuación.

Habría que empezar por una media mañana de 1985. 

Yo desayunaba en un bar de la calle Charcas y Anchorena, cuando un tipo me pidió fuego (en esa época se podía fumar en los bares). Le di fuego, lo miré y reconocí su cara. Salía en las fotitos de El Porteño que acompañaban sus artículos. Nos pusimos a charlar sobre el tema del momento: el Jarvik-7. ¿Qué era el Jarvik-7? Un corazón artificial inventado en Estados Unidos. El doctor Robert Jarvik, de ahí su nombre, lo presentó en conferencia de prensa conectado a una serie de cables con una consola enorme en la cual accionaba una perilla, como si fuera el volumen de un equipo de música, y hacía funcionar el corazón mecánico en el pecho del pobre paciente —un tal Barney Clark—, que respiraba muy agitado. Nos parecía una cosa absolutamente monstruosa, a lo Mengele. Todo lo que yo opinaba sobre el asunto a Enrique lo divertía muchísimo, y me propuso que escribiera una nota sobre eso para El Porteño

Yo había vuelto de México, donde había vivido en el exilio, y colaboraba en Piel Suave, una de esas revistas eróticas que salían en el breve destape argentino. La nota sobre el Jarvik-7 se publicó una semana después de nuestra conversación en El porteño, con el título “Frankenstein tiene penas de corazón”. A partir de entonces, empecé a colaborar y a trabajar en El porteño, Cerdos y peces y en la sección de Policiales de varios medios. En ese sentido, la Divina Providencia —como dirían los católicos— o El Azar Objetivo —como lo llamarían los surrealistas—, que son más o menos la misma cosa, de algún modo torció mi destino. 

Torció mi destino y también asoció mi vida, o más que mi vida, algunas noches de mi vida, con este sujeto con el cual nos divertíamos de noche y de día. Nos divertíamos y también nos metíamos en circunstancias que no eran demasiado divertidas. 

De las divertidas, yo me acuerdo de una tarde en la que estábamos cerrando un número de la Cerdos y Peces, cuando la redacción todavía estaba en la esquina más cacofónica del país, Cochabamba y Chacabuco. Descubrimos que había dos páginas en blanco. Entonces nos pusimos a escribir rápidamente, a cuatro manos, aprovechando que el Papa Juan Pablo II estaba en Argentina, un manifiesto anti-Papa. Y como faltaban unos 400 caracteres para completar la página, y ya no sabíamos qué decir, a mí se me ocurrió convocar a una marcha de repudio. Lo publicamos, y me olvidé del asunto. 

Después estábamos con Symns en un bar, que tenía el televisor prendido, y de pronto vimos en el noticiero, en vivo, un gran quilombo en el Centro, entre los manifestantes y la policía: la marcha anti-Papa. No lo podíamos creer. 

De ahí nos llevaron con Symns al Diario Nuevo Sur, que dirigía Eduardo Luis Duhalde. Yo iba a ser jefe de Policiales y Enrique iba a ser un colaborador estable. Antes de empezar, nos hicieron un reportaje en el semanario El Periodista, dirigido por el inolvidable Carlos Gabetta. Recuerdo que la volanta de esa entrevista decía: “De la Cerdos y Peces a la sección Policiales de un diario”. El título de la nota era: Simplemente sangre, y venía con una foto de Symns y quien les habla en sendas sillas de director de cine. 

En nuestra inmensa ingenuidad nosotros pensábamos que cuatro páginas de publicidad, en un medio de gran circulación, iría a deslumbrar a nuestros directores. No fue así: nos quisieron matar porque, al parecer, hubo ciertos dichos nuestros no muy políticamente correctos. Casi nos echan antes de que el primer número saliera a la calle. A Symns lo mandaron a la sección “Movimiento de barcos”, ponele. A mí me conservaron en la sección Policiales, pero me pusieron cuatro jefes arriba. De los cuales quedó uno solo, Juan Carlos Novoa, “Cacho”, un tipo que había trabajado con Osvaldo Ardizzone, prócer de la época de oro del periodismo argentino. 

Cacho Novoa sustentaba la teoría de que los diarios se hacían en los bares. De modo que nos pasábamos la mayor parte de las horas en el bar de enfrente. Cerrábamos la redacción y nos íbamos. Así y todo, los medios gráficos funcionaban como un mecanismo de relojería. Y los diarios de verdad se hacían en los bares. 

En ese sentido, fue una época en la cual no sólo la Cerdos y Peces, sino todo el contexto, era bastante maravilloso: las cosas que nosotros escribíamos, las cosas que descubríamos, las cosas que hacíamos, las cosas que interpretábamos eran realmente coincidentes con ese mundo imperfecto pero aún divertido que habitábamos. El mundo es ahora tan espantoso, es tan espantosa esta pesadilla distópica, que leída hoy la Cerdos y Peces es como una Billiken dark. No porque sus textos hayan envejecido mal: esos textos reflejaban un mundo que ya no existe.

Yo me pregunto qué escribiría Symns —el Symns de sus mejores épocas— sobre un mundo como éste. Desde luego, es una pregunta que jamás será respondida. Seremos nosotros, en la medida de nuestras energías, quienes hagamos o no ese esfuerzo por interpretar el mundo actual. 

La Divina Providencia, así como me dio la posibilidad de conocerlo simplemente porque tenía un encendedor en un bar, también me dio la posibilidad de despedirme de él. Fue poco antes de que, digamos, tomara sus primeras lecciones de arpa. 

Fuimos con Vera —Andrea, Andy— Land a una casa en Almagro donde estaba encarcelado frente a un televisor, muy desmejorado físicamente, su existencia se estaba consumiendo como la llama de una vela, hasta extinguirse. Dejó de vivir unos días más tarde. Aunque pienso que ya desde hacía mucho tiempo Enrique Symns había dejado de existir.

En fin. 

Recordemos todos sus momentos más brillantes.

Un guion para Tinelli (Los píxeles muertos), de Enrique Symns. Con prólogo de Julián Berenguel.

+ Un guion para Tinelli se puede conseguir en el Instagram de Los pixeles muertos

+ Escuchá la charla con Daniel Santoro y Ricardo Ragendorfer sobre Buenos Aires

Ricardo Ragendorfer

(1957) Periodista y escritor, especialista en policiales.

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