Desperate intentions: Nueva York por Viviana Peretti
En 2009, después de una década de vivir en Colombia, la fotógrafa italiana Viviana Peretti se mudó a Nueva York. Tenía 38 años. No pasó mucho tiempo hasta que la metrópolis más narrada del mundo mostró su cara menos glamorosa. Por suerte, la retrató con su cámara.

Texto y fotos de Viviana Peretti

Llegué a Nueva York en 2009 con la ilusión de vivir en una de las ciudades más soñadas y fotografiadas del mundo, el set cinematográfico que durante décadas nos ha vendido una metrópolis plural, cacofónica e incluyente. Me encontré con un desierto humano difícil de navegar, con almas solitarias en busca del éxito medido en dólares. Un universo de personas afanadas en afirmarse a como dé lugar. Y no hablo de los migrantes que, al igual que yo, están en Nueva York para responder a un deseo o una necesidad, sino de los que pueden llamar la ciudad su casa. Esos neoyorquinos que a diario llenan el metro con sus carreras alocadas y su mala leche. Los que agreden a la ciudad, y te agreden, simplemente por compartir los mismos andenes. Los que de madrugada te escupen a la cara su endémica frustración.

La serie Desperate Intentions responde visualmente al profundo asombro y la inesperada desconexión que experimenté durante mis años en Nueva York y resuena con las palabras de Ryszard Kapuscinski cuando afirma que la sociedad de nuestro planeta es como la multitud anónima de un gran aeropuerto, personas que se apresuran, indiferentes entre sí. En Nueva York, las sombras solitarias cruzan la metrópolis enfrentándose a la paradoja entre el mito de una ciudad como una isla de salvación para muchos migrantes y el desierto humano que a menudo acoge a los recién llegados.

Hoy, más de quince años después de mi primer aterrizaje, tengo una profunda gratitud por lo que la ciudad, a pesar de todo, significó para mí. Allí, entre otras cosas, entendí que tipo de fotógrafa no soy y consolidé mis dogmas creativos. Cuando pienso en esos seis años a la sombra del Empire me acompaña una profunda nostalgia. De mis carreras en bicicleta a orillas del Hudson River, de los veranos frente al Océano Atlántico en Far Rockaway y los viajes sin rumbo en el ferry de Staten Island. De mi rutina fotográfica entre disparar algo, revelarlo y escanearlo en el mismo día, o las tardes por las galerías de Chelsea en compañía de un amigo. De las carreras en la línea 7 del metro viendo el atardecer en Manhattan y la seguridad al caminar de noche por las calles de los muchos barrios donde viví. Nostalgia de los sueños alocados que en Nueva York aún parecen poderse materializar.

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Bache

Revista digital. Cultura y sociedad.

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