Con integrantes de menos de 25 años, la banda liderada por Cameron Winter empieza a ocupar un lugar inesperado en la escena actual. Entre influencias asumidas, letras abiertas y un contexto cultural que vuelve a mirar al rock, los neoyorquinos se posicionan como uno de los proyectos más interesantes de su generación. Ailin Juarez escribe sobre ellos en esta nota de apreciación al rock de la juventud.
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Con la reciente presentación en Saturday Night Live el pasado 24 de enero, Geese, oriunda de Nueva York, parece posicionarse como la primera gran banda de rock de nuestra generación. Por su lado, Cameron Winter, líder y frontman, se ha presentado como solista en la mítica sala de conciertos conocida como Carnegie Hall, con repertorio de su alabado álbum Heavy Metal, al que, advertimos, no hay que juzgar por su nombre.
Otros grandes artistas pasaron por estos espacios en momentos de grandes cambios en la historia de la música. No es casualidad que muchos hablen de Cameron diciendo que escribe como un Bob Dylan o un Leonard Cohen, teniendo en cuenta que ambos hicieron sus respectivas presentaciones en el Hall cuando tenían alrededor de su misma edad.
Tampoco hay que olvidar el papel importante que tuvieron bandas como Nirvana o The Strokes con su paso por SNL, al cargar en sus hombros la responsabilidad que significa representar a toda una generación. Pero ahora le llegó su turno a las nuevas generaciones de elegir a sus representantes y, una vez más, volvemos a elegir el rock: elegimos a Geese.
El rock no se salva, el rock se renueva

¿Cómo hace una banda para destacarse en tiempos en los que la mediatización extrema permite que haya una circulación masiva de “nueva música” constantemente? Entre el caos y el bombardeo constante de nuevos lanzamientos ¿cómo hacer para sobresalir por sobre todo lo demás?
Hay que tener en cuenta un factor importante. Durante todo el año pasado, grandes bandas de rock como Oasis y Radiohead retornaron a los escenarios después de años de separación. ¿Necesitan hacer plata? Probablemente, pero también es cierto que vivimos un momento particular, en donde parece existir un público que necesita de algo que estas bandas proveen, y que no parece existir hoy en día.
Recientemente se le preguntó a Billy Corgan (Smashing Pumpkins) si creía que estamos ante un “resurgimiento del rock”. En su respuesta señaló que durante estos dos últimos años el 70% de su audiencia estuvo integrada exclusivamente por gente debajo de los 25 años.
Entonces, podría decirse que todas las pruebas apuntan a que hay un sector de la juventud que está harto de no sentirse representado en lo más mínimo con la música actual. Es por eso que decide volver a las bases, a “las bandas de antes”. Ninguna banda “emerge” o alcanza la fama por sí sola, tiene que existir un público predispuesto a elegir escuchar su música.
En otras palabras, la música, como todas las artes, se hace colectivamente , y durante todo el año pasado, el terreno se estuvo preparando para recibir una novedad salida de nuestra mismísima generación: no queremos quedarnos con las bandas de antes, queremos algo que nos pertenezca.
Podemos afirmar, entonces, que no podría haber existido un mejor momento para que Geese finalmente se haga presente, con su nuevo y flamante álbum, Getting Killed.
Geese vs. el Mundo

¿Cuál es el secreto que vuelve a Geese una revelación dentro de los miles de millones de nuevos artistas que conocemos diariamente?
Creo que la mejor respuesta la proveen los integrantes de la banda, quienes recientemente dieron una entrevista en el programa de Zane Lowe, y en la que Emily Green, su guitarrista principal, habla de esta “vuelta a las bases” a la que parecen estar recurriendo, tanto ellos como el resto de la juventud: “A veces, la forma de expresión más honesta puede ser bastante referencial a la música de otras personas, y es en la música de otros donde más te encontrás con vos mismo. Nosotros tenemos un deber con eso”.
Es justamente ese “deber” para con el legado que dejaron los que vinieron antes el que vuelve a Geese un fenómeno tan particular. Para Geese, la autenticidad viene cuando tomamos consciencia de que somos parte de un “continuo compuesto por otras personas”. Hoy en día, destacarse no significa inventar un sonido completamente nuevo. Hoy en día, solo elegir volver a nuestras raíces puede constituir una señal de diferenciación, porque esto significa hacer lo que nadie más hace: si todos hacen música nueva, ¿no deberíamos volver a la música vieja? En palabras de Cameron Winter:
“Hay un cierto ego en decir cosas como ‘no tengo influencias y mi sonido no se va a parecer al de nadie’, ¡como si supieras hacer las cosas mejor que los demás!”.
Y por supuesto, no es esta la intención de la banda; por el contrario, Geese elige abrazar a sus influencias, no con el objetivo de imitarlas, sino con el de expandir su obra.
Al momento de escuchar Geese nos damos cuenta de la mezcla de artistas que dan vida a sus canciones; a veces suenan un poco a los Stones, otro poco a Radiohead, y a veces a Nick Cave, Nick Drake o The Strokes.
Sin embargo, según Winter, “hay una diferencia entre la influencia que nosotros tomamos de Radiohead, y la influencia que Muse toma de Radiohead”, y es que realmente está en manos de cada artista decidir el cómo continuar con lo que otros empezaron, así como también qué es lo que toman de ellos, y es ahí y solo ahí en donde aflora la originalidad.
Es lógico que una banda de nuestros tiempos no suene igual a una banda de hace 30 años, por el simple hecho de que pasaron 30 años; la juventud es otra, los problemas son otros, y el mundo que nos rodea cambió completamente.
Lo que vuelve a Geese tan especial es esa misma combinación que surge cuando se expande la obra de otros, mediante el aporte que implica escribir música con la mentalidad de las nuevas generaciones; Geese se posiciona como una banda que “escucha los consejos” que dejaron otros artistas más sabios y más experimentados, pero que además se hace cargo de ser una banda de nuestros tiempos.
Geese y la post-pandemia
Ninguno de los cuatro integrantes de Geese supera los 24 años y, en sus comienzos, no eran muy distintos de cualquier otro grupo de adolescentes: se conocieron en el colegio, en Brooklyn (Nueva York), y en su tiempo libre asistían a una academia al estilo School of Rock —no les faltaba plata—, donde descubrieron su afinidad musical y se hicieron amigos.
Así, la banda quedó conformada por Emily Green, en guitarra, Dominic DiGesu tocando el bajo, Max Bassin la batería y Cameron Winter a cargo de la voz, acompañando con guitarra y teclados (en un principio supieron ser cinco, pero uno de los miembros se retiró para dedicarse a sus estudios, aunque siempre lo recordaremos como el quinto miembro de Geese). Cuando no tocaban en el colegio, ensayaban en el sótano de Bassin, donde grabaron y produjeron de manera independiente su primer disco, Projector.
Geese era una banda tratando de hacerse un lugar en el mundo como cualquier otro joven artista, usando las mismas herramientas que cualquier otro joven artista: las redes sociales.
Promocionaron su nuevo álbum exclusivamente a través de ellas y fue en el ámbito virtual donde comenzaron a obtener reconocimiento y difusión.
El alcance fue tal, que un día Geese llegó a oídos de “cierto hombre” (en palabras de la banda) que les habló por Instagram, y les ofreció contactarlos con un abogado de confianza para que este se encargara de enviar su material a algunas firmas discográficas. Todo iba bien, hasta que llegó el 2020, y con él, la pandemia.
Aunque esto no significó un stop para la banda, más bien al revés; fue en contexto de total encierro y reclusión cuando comenzaron a llover ofertas. Así, Geese terminó firmando con Partisan Records.
Geese y la trascendencia

Me gustaría detenerme en Cameron Winter como letrista y compositor de la banda. Un artista que piensa en su música de la manera en que Cameron lo hace es una revelación en sí misma. Mucha de la música mainstream de hoy en día se piensa como “un producto destinado a satisfacer las necesidades del consumidor”. ¿Qué quiere decir esto? Que los artistas actuales eligen mostrarse a sí mismos y a su música como un “libro abierto”: todo está dicho, y no hay lugar para la reflexión.
Sobre gustos no hay nada escrito, aunque personalmente considero que ninguna obra debería ser considerada arte si no deja espacio para la incomodidad, para sentir algo diferente. Como diría Bowie, “si algo funciona es porque está desactualizado”.
No me canso de escuchar a personas decir que las letras de Winter se quedan “atascadas en sus cabezas por semanas”, y es que realmente, cuanto menos entendemos el significado de una pieza de arte, más curiosidad nos despierta y más cosas nos genera. En palabras del cantante: “siento que no hay nada peor que componer una canción pensando ‘tengo algo que decir’, porque entonces terminás escribiendo una canción sobre algo super específico, y las canciones así no envejecen muy bien”. Después de todo, ¿por qué elegiríamos volver a un artista una y otra vez si ya desciframos todo lo que tenía para decir?
Esto no significa que las canciones de Geese no tengan un mensaje; por el contrario, Emily Green describe las letras de su compañero de banda como “una ida y vuelta entre especificidad y abstracción”, cualquiera puede darse cuenta de la connotación tan actual que tienen, como cuando escuchamos a Winter gritando “There’s a bomb in my car!/Hay una bomba en mi auto!” en medio de “Trinidad”, tema de apertura de Getting Killed. Más claro imposible.
El punto es que realmente no importa lo que el artista quiso decir, sino cómo esa selección de palabras en particular repercute en nosotros.
Para Cameron, “cuanto más claro sea el mensaje, menos poderoso es”, cuanto más “bizarra” es la letra de una canción, más lugar tenemos nosotros como oyentes de atribuir distintos significados, así como también de identificarnos.
El líder de Geese nos recuerda que el objetivo principal del arte no es el de darnos todas las respuestas, sino más bien el de generar preguntas. Esta es la diferencia entre aquellos que buscan “agradar” y aquellos que buscan conectar. Al final del día, las modas van y vienen, pero solo aquellos artistas que logran tocarnos el alma tienen chances de llevarse el premio mayor: trascender.
Juventud divino tesoro
Cuando se habla de Geese muchos hacen referencia a una “segunda ola” del rock neoyorquino del siglo, pensando en el resurgimiento del garage rock a principios de los 2000, con bandas como LCD Soundsystem, Yeah Yeah Yeahs y The Strokes, quienes también llegaron a la fama en un momento clave: la caída de las Torres Gemelas en septiembre del 2001.
Con todos los parecidos, no se puede negar que Geese cuenta con todas las características de un artista salido de la generación Z: Geese es una banda compuesta por jóvenes que fueron atravesados por la pandemia como todos nosotros, Geese es una banda que creció en la era de la tecnología como todos nosotros, Geese es una banda que respetó el mundo de la juventud para llegar a la juventud, porque Geese ES juventud.
Nadie escucha Geese porque sean “los nuevos Strokes”, nadie quiere que lo sean. Lo que nos gusta de Geese es que es una banda nueva, con identidad propia y que también es un reflejo de nuestra generación.
No amamos a Geese porque se parezcan a otros, amamos a Geese porque se parecen a nosotros.