7 libros a 50 años del golpe
Se cumplen cinco décadas del comienzo de la última y más sangrienta dictadura militar en Argentina. Entre el ensayo y la ficción, elegimos siete obras que abordan el tema.

Flores robadas en los jardines de Quilmes (1980) – Jorge Asís

A cincuenta años del golpe, pedirle a una novela que “hable de la dictadura” parte de un equívoco. La literatura no responde a consignas: trabaja con climas. Flores robadas en los jardines de Quilmes, de Jorge Asís, vendió alrededor de doscientos mil ejemplares a fines de la dictadura y esa masividad casi única pide una explicación. No tanto en lo que la novela declara sino en lo que deja entrever: una zona de reconocimiento para un lector atravesado por el desencanto político.

La novela no tematiza la represión, pero la roza desde el inicio: la dedicatoria a Haroldo Conti, con ese “in memoriam” entre signos de pregunta, instala la ausencia. A partir de ahí, todo ocurre en ese magma. La voz narrativa cambia, absorbe, gana todos los debates de antemano, puede saturar, pero también captura, sostenida en una coloquialidad brillante y una ironía sostenida. En esa ironía, esa crítica a la militancia previa, se filtra un clima reconocible para el lector de la época. Justamente por su distancia irónica, desde Punto de Vista —publicación dirigida por Sarlo— leyeron la novela como una forma de acomodamiento y no hubo de su parte valoración literaria, algo de lo que se encargaron el tiempo y los lectores.

Diego Cano


El antiguo alimento de los héroes (1988) – Antonio Marimón

Como tantas novelas de dictadura, esta es una novela sobre el cuerpo. De la percepción del cuerpo, propio, ajeno, individual, grupal, del cuerpo torturado, del cuerpo liberado y del cuerpo exiliado.

Fragmentaria desde su publicación en distintos medios, abre con una advertencia-poema y le sigue una primera parte crudísima, “Lorera”, donde el narrador cuenta su detención, los olores, las visiones a través de la venda, los gritos de los carceleros. Luego la liberación y la segunda parte, “Pasos”, allí el deambular y el encuentro con otros cuerpos, con otra ciudad que es y no es la misma. Más tarde, el cuerpo suspendido, el exilio.

Pero vuelvo al título borgeano. El narrador lee una conferencia de Jorge Luis Borges hablando de la ceguera: “Todo lo que le pasa al hombre, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo. Por eso yo hablé en un poema del antiguo alimento de los héroes: la humillación, la desdicha, la discordia”. La genial novela de Antonio Marimón puede leerse como la asunción de ese mandato, de ese deber, escribir cuando la materia sea producto del horror, sin sustraerse de lo vivido. Escribir con las vejaciones, la tortura y la humillación. La escritura y el deber: persiste, todavía, la tarea de escribir el poema.

Ana Regina


El agua electrizada (1992) – C. E. Feiling

Tony Hope, un joven profesor de latín, recibe un llamado de su madre: un ex compañero del Liceo Naval apareció muerto en un dudoso suicidio. Así comienza El agua electrizada, la novela policial que C. E. Feiling publicó en 1992.

El libro explora las esquirlas del período entre el gobierno de Estela Martínez de Perón y los primeros años de la última dictadura militar. Navega en la confluencia de distintas líneas autobiográficas y contextuales: el protagonista que siente “asco” por haber estado en ese secundario, el peso de los juicios por lesa humanidad y las leyes de impunidad del alfonsinismo.

En las páginas de El agua electrizada circulan el misterio que motoriza la trama, los quiebres en el lenguaje que trasladan el linaje inglés de Hope y su experiencia como traductor, el contexto postdictadura militar y la resonancia de Malvinas, e incluso el fantasma de la leucemia que acechó a Feiling durante doce años.

“La violencia de la vida política argentina obliga a los individuos a ubicarse en lugares completamente extraños”, decía Feiling en 1992, una frase que ayuda a pensar más allá de la atmósfera de la novela.

Mariano Vespa


Crónica de la noche (1997) – Colm Tóibín

En un país con nuestros antecedentes, el “préstamo narrativo” para un extranjero puede ser una decisión riesgosa. Sin embargo, un escritor nacido en Irlanda consiguió retratar parte del período más cruel de la historia argentina reciente y de una manera tan casual como fascinante. 

Crónica de la noche, publicada por Emecé en 1997, interpela nuestra propia línea temporal: mientras describe con maestría la Buenos Aires atravesada por la dictadura, la Guerra de Malvinas y la epidemia del SIDA, su contexto le concede el privilegio de antaño. Richard Garay, el protagonista, hijo de padres ingleses, transita su despertar sexual en un entorno represivo, cuyo ámbito fue “entrenado para no ver”, donde la homosexualidad es clandestina y la libertad de expresión ni se sugiere. Colm Tóibín había aterrizado en Argentina con intenciones turísticas y conocido a Borges trabajando como jefe de una redacción. Terminó siendo el primer cronista europeo en cubrir los Juicios a la Junta Militar en 1985. 

Camila Caamaño


Detrás del vidrio (2000) – Sergio Schmucler

El narrador de Detrás del vidrio, la novela de Sergio Schmucler publicada en el 2000 y reeditada por Eduvim, dice hacia el final: “Cada recuerdo es una imagen nítida, obsesiva, en medio de un desierto”.

Con esa frase el libro alcanza lo que para mí es la política de la memoria en su faz más intensa. Arrancarle a la destrucción de la vida, al desierto, una imagen nítida en forma de recuerdo. Incluso, hacer de la memoria una obsesión. Porque a pesar de que la narración está signada por la desaparición de Pablo, hermano de Sergio e hijo de Héctor ‘el Toto’ Schmucler, en medio del Terrorismo de Estado, la fuerza de esa imagen hace que la novela tenga la fuerza de algo más que la desazón. Es una obsesión. La fuerza está ahí.

Un buen complemento a esta novela podría ser el testimonio de Alejandro Incháurregui, aparecido en 2019 en el número homenaje de la revista Estudios del Centro de Estudios Avanzados (UNC), por la muerte del Toto Schmucler. Ahí se cuenta la posibilidad que hubo de saber qué pasó con Pablo y cómo esos datos de realidad tienen que seguir siendo la obsesión: saber qué pasó, saber quiénes fueron los criminales, saber qué hicieron.

Y reclamar justifica, convertir a la justicia en la obsesión con la que atravesar el desierto.

Manuel Moyano Palacio


Bajo este sol tremendo (2009) – Carlos Busqued

Lugones fue el escritor de Las fuerzas extrañas; Busqued, el de las “fuerzas oscuras”. Su breve pero potente narrativa vino a avisarnos: están entre nosotros. Para su pyme de secuestros extorsivos, Duarte utiliza saberes adquiridos en la Fuerza Aérea durante la Dictadura: tortura física y psicológica, locaciones apropiadas (el sótano de la casa de Danielito), traslados (una combi disfrazada de ambulancia, que arrolla una vaca en la ruta). Además, Duarte actúa como albacea, ante el Círculo de Suboficiales, de su compañero de armas Daniel Molina, padre de Cetarti, quien mató de dos escopetazos a su mujer y su hijo menor y luego se suicidó. 

La post-dictadura narrada en Bajo este sol tremendo nos recuerda que esa mano de obra desocupada enseguida se ocupa, en democracia, de nuevas tareas. Y que el vecino amante del aeromodelismo (¿acaso Priebke no cortaba fiambre en Bariloche?) y su joven socio border son formas posibles de las fuerzas oscuras que habitan entre nosotros.

Juan Maisonnave


Los espantos. Estética y postdictadura (2016) – Silvia Schwarzböck

Cuando la última dictadura militar terminó, la vida de derecha quedó instaurada como la única vida posible. Esa es la hipótesis que brilla oscuramente en el centro de Los espantos. Estética y postdictadura, de Silvia Schwarzböck.

A partir de La mujer sin cabeza, de Lucrecia Martel, Schwarzböck observa la estética explícita de la democracia post-84. La autora no evade puntos delicados: se pregunta por el Pueblo irrepresentable de la izquierda de los 70 y su relación con la guerrilla; sospecha de la satanización de los represores y de la santificación de los militantes; advierte los usos y costumbres del salón literario del retorno democrático y su continuidad.

Es remarcable también el corpus de materiales que utiliza Schwarzböck para tejer su ensayo polémico: desde un video de Mario Firmenich en Tiempo Nuevo al relato jurídico de Carlos Nino, desde los artículos sobre la dictadura de Fogwill a la obsesión por la neoderecha en El traductor de Salvador Benesdra…

Los espantos abre más interrogantes de los que cierra y, aún después de diez años de publicación, lanza ideas encendidas para seguir incendiando las aguas de este Leteo democrático.

Golosina Caníbal

Bache

Revista digital. Cultura y sociedad.

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