Seguimos explorando el blog como refugio antiansiedad en tiempos de redes y algoritmos. En esta tercera entrega, Pablo Makovsky, apasionado lector y traductor, responde algunas preguntas sobre su blog apóstrofe.
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+ Leé la entrega #1: El oficio del plumín, de Diego Parés
+ Entrega #2: Linkillo, de Daniel Link
¿Cómo y cuándo surgió el blog apóstrofe?
Pablo Makovsky: El blog, tal como existió en estos años, existe desde 2008, pero antes Guillermo Piro —cuyo blog Wimbledon yo leía— me había insistido en que me hiciera un blog (llegué a conocer personalmente a Guillermo unos años después, toda la comunicación era a través del chat de Gmail, que podía usarse en las primeras versiones de Android). Me alentó una columna que en ese año comencé a hacer para el diario Tiempo Argentino, que recién empezaba a salir y al que me invitó Osvaldo Bazán. La columna era sobre los blogs que leía, que entonces eran la única red social. Firmaba esas columnas como Napoleón Zoilo y llegué a tener trato con algunas y algunos bloggers de esa época a través del chat de Gmail de mi cuenta napoleonzoilo@gmail.com .
Creo que el empujón definitivo me lo dio abandonar la cuenta de Facebook, que, si bien entonces no era una red “ciega”, aceptaba enlaces exteriores, no poseía (y debe seguir siendo así) lo mínimo que uno pide al funcionamiento en red: era imposible buscar y era difícil meter hipervínculos en un texto. Eso habrá sido a fines de 2009, principios de 2010.
Desde entonces fui mucho más selectivo con los blogs que leía y empecé a postear. Además, se dio una situación particular: el diario en el que trabajé en Rosario durante unos 10 años, El Ciudadano, por directivas del mafioso que lo regenteaba decidió eliminar su archivo en la web y un montón de notas y trabajos publicados dejaron de estar online, así que rearmé ese archivo y volví a ponerlo online a través del blog con el hashtag “archivo cultura el ciudadano”. Siempre quise ponerle apóstrofe porque me pareció encantadora y misteriosa la frase de la canción de Frank Zappa (“The crux of the biscuit is the apostrophe”: en mi adolescencia aprendí inglés escuchando a Zappa), pero el nombre ya estaba registrado de todas las formas posibles y busqué un nombre fácilmente memorizable que encontré en “pifiada”, como para hacer saber también de mi erudición bastante chambona.

¿Qué criterios se fueron definiendo para la creación de entradas en el blog?
Creo que uno de los criterios fue recuperar material de la web. Hubo un momento, alrededor de 2010 que comencé a escribir todo en el blog y, cuando llegaba el momento de publicar en algún medio tomaba de ahí, corregía, acortaba o alargaba y lo enviaba. Para esa época, en el furor de Facebook, ya nadie se metía en los blogs, cosa que fue profundizándose, sobre todo a partir de las redes (que, insisto, muchos llaman “antisociales” y yo encuentro que tienen más de sociales que de redes: no funcionan “en red”, sino prescindiendo de la red, por lo menos en el sentido que le dio Berners-Lee) como Instagram que son totalmente ciegas, pensadas para el scroll eterno. Pero, también, el criterio fue acumulativo: cosas que no pasaban de anotaciones para posibles artículos o materiales en desarrollo, los metía ahí y, sobre todo, ponía ahí todos los hipervínculos a los que quería volver, de modo que cada entrada era también una pequeña biblioteca.
Hasta el día de hoy recuerdo alguna de esas entradas y vuelvo para buscar un link que sé que dejé ahí adentro, o uso el buscador para meter algo que me lleve a una cita y un enlace. Luego llegaron las traducciones, de cosas sobre las que trabajaba y no podía publicar extraía algo y dejaba una entrada más o menos larga. Por otra parte, a partir de 2015 se degradó mucho un periódico para el que trabajaba y nos quedamos sin acceso a Agencias Periodísticas, así que empecé a buscar en todas las suscripciones que me llegaban por correo electrónico a ver si encontraba notas que pudiera traducir y me sirvieran para una central o una contratapa.
Por otro lado, me empezó a gustar la escritura en el blog, me resultaba mucho más interesante señalar el recorrido que había hecho para llegar a un argumento, es decir, todos los sitios que había visitado y leído que lo que yo mismo tenía para decir. Era la fórmula borgeana: “Me jacto de lo que he leído antes de lo que he escrito” (más o menos). Aprendí mucho de la prensa independiente inglesa o estadounidense, donde rara vez hay un párrafo sin hipervínculo. De modo que el blog fue también para mí un aprendizaje sobre lo que es (o lo es para mí) escribir online.
Suelo citar la lectura de un libro que debo haber conseguido usado a fines de los 80, la Fenomenología de la religión, de Gerardus van der Leuuw, un luterano cultísimo que armó un manual excepcional con todas las manifestaciones de lo religioso. Pero estaba armado de tal forma que era un plomazo leer de corrido. Sin embargo, tenía un índice onomástico que el traductor del Fondo de Cultura Económica tuvo que haber diseñado de cero cuando terminaron el libro, que es voluminoso. Ese índice, donde podían hallarse las distintas manifestaciones de poder, sacramento, etc., ya era internet (el libro se escribió en los 50). Un día descubrí que me había leído todo el libro, pero siempre a través del índice (en realidad no sé si lo leí entero o no, pero me pasé una tarde buscando una página que no hubiese visitado y no la hallé). Cuando Berners-Lee habla de la lectura “en red” se refiere a eso. La web es un libro maravilloso al que hemos renunciado para enterrar la cabeza en esas “antiredes” sociales.
¿Cambió el contenido y el enfoque desde su nacimiento al presente?
De alguna manera sí y de algún modo lo expresé en la respuesta anterior. Creo que los mayores cambios fueron a partir de 2010, cuando encontré en el blog Linkillo un post que el mismo Daniel Link cita en la entrevista que le hicieron ustedes separándose de las redes y defendiendo el blog como “‘los cuadernos de tapas marrones’ que tanto amamos”, que incluso encabeza la columna izquierda de apóstrofe. Más tarde, ya en 2016, me encontré en The Guardian con un artículo escrito por Hossein Derakhshan, quien había sido el blogfather, el gran padrino de los bloggeros iraníes hasta que en 2008 el régimen lo metió preso por su actividad en el blog. En 2014, cuando lo liberaron de prisión, donde había estado aislado de internet, volvió a abrirse un blog, pero no lo leía nadie, le dijeron que abriera una cuenta en Facebook. Entonces se enteró de todo lo que había cambiado en la web. Pero además, en esa nota, pone el énfasis en la importancia del hipervínculo y el cambio de lógica de la lectura “en red”, porque lo valioso de esa lectura no está sólo en lo que dice un texto, sino en sus hipervínculos.
He tratado de explicar en vano que la riqueza de Wikipedia no radica en el enunciado de la entrada, sino en cómo puede “navegarse” esa entrada. Desde entonces todo el énfasis de la redacción de los posteos estuvo puesta en los hipervínculos: escribir en la red es ir a la busca de hipervínculos que están en la web, nunca en antiredes sociales (salvo casos puntuales e informativos que lleven a Twitter). Y, last but not least: entendí que es un trabajo que no aparecerá en esas “redes”, no voy a publicar nada de eso en Twitter (que uso porque al menos respeta los links), pero el lector solitario puede encontrarlo en la web.

¿Qué es lo que más te gusta y lo que menos del formato blog?
Creo que más o menos esbocé todo lo que me gusta. Acaso lo que menos me ha resultado cómodo es la facilidad para publicar, ya que una vez metido en esa lógica me resultó muy difícil trabajar en proyectos editoriales como revista REA, donde los criterios de publicación no son necesariamente los del posteo personal.
En apóstrofe hay muchas traducciones propias y referencias a artículos publicados en otros blogs y sitios. ¿Qué te interesa de esos materiales y su difusión o réplica?
En muchos casos no podría dejar de hacerlo. Siempre pienso en un lector de la web, alguien que refina su búsqueda y sale a encontrarse con algo que ya pensó, que está elucubrando. Alguna vez participé tímidamente en el sitio Argenteam, donde se subían subtítulos de series y películas. Las firmas eran la mayoría de las veces un nickname y no siempre había una respuesta, incluso un agradecimiento, sin embargo se hacía para aquellos que se descargaban esos materiales y necesitaban unos subtítulos en español: estábamos —sin conocernos siquiera los que lo hacíamos— para el navegante solitario. Que llegara a puerto era ya toda la recompensa. Además, porque gran parte de las cosas que me satisfizo saber también las encontré así, porque alguien lo había puesto en la red. Es sobre todo una tarea de agradecimiento. Llamémosle una actitud que pretende parecerse a la del Matt Scudder, el detective de la saga de novelas de Lawrence Block, que cada vez que termina un caso va a la iglesia y entrega casi el total de sus honorarios en la bolsita de la limosna, no por una cuestión de fe o porque le genere algún tipo de confianza lo que la curia vaya a hacer con ese dinero, sino para desahogar su deuda.
¿El blog tuvo algún correlato analógico o por fuera de internet?
Pah, no sé, creería que no, salvo clases o cursos que he dado y, en esos casos, me encargué de subir los materiales al blog y pasaba el enlace. También me encontré de manera muy esporádica con dos bloggeros que nos seguíamos alrededor de 2013, uno era un muchacho más joven que yo cuyo blog ya no está online y la otra era la administradora de Charlotte Sometimes. Sólo puedo decir que una de las entradas que más comentarios tuvo fue una de noviembre de 2015, cuando Mauricio Macri había ganado las presidenciales. Era sobre José Emilio Burucúa y debe haber sido de lo peor que posteé en el sitio. No la eliminé porque no quise ser deshonesto con todos esos comentarios de gente odiosa que se había tomado la molestia de fastidiarme y porque me interesó como testimonio de lo decidida que estaba esa gente en dar la discusión en internet que hasta llegaron a un blog que en ese tiempo no publicitaba en ninguna red para acusarme con el “espejito espejito” de la grieta. El mismo Burucúa, pobre, con una amabilidad y un don de gente que me hubiese encantado tener cuando escribí esas idioteces, cerró el griterío haciéndose presente en los comentarios.
¿Por qué seguir sosteniendo un blog en tiempos de redes sociales?
Porque los blogs están derrotados y las redes sociales son una pandemia mucho más letal que la del Covid. Es como en el film Invasión, de Hugo Santiago, cuando el héroe que interpreta Lautaro Murúa pregunta al líder si vale la pena pelear una guerra contra una ciudad que no quiere defenderse y el patriarca le responde: “Una ciudad es más que la gente”. Sólo que acá hay que reemplazar “ciudad” por “web”: la web, aunque sus antiguos usuarios estén esclavizados scrolleando, es más que la gente.
+ Leé más de apóstrofe: https://pifiada.blogspot.com/