Post-punk 1977-1984: 20 canciones (parte II)

— Viene de la primera parte—

 

Antes de las diez canciones restantes, algunas anotaciones:

 

 

– Hablar del alcance de la influencia del post punk en el mapa posterior del rock es motivo para otra nota: del inmediatamente posterior college rock (R.E.M. como mejor ejemplo: su disco debut Murmur es prácticamente un disco de post-punk) a su inmediato sucesor alternativo de los 90 (Nirvana, Radiohead) más los movimientos shoegaze y post rock de esos mismos años en Gran Bretaña, al liso y llano revival de comienzos de los 2000 (Interpol, The Rapture entre tantos otros). Hay para elegir.

 

– Hacer el necesario recorte implicó dejar afuera expresiones que coexistieron temporalmente con el post punk y que sin caer exactamente dentro de ese rótulo compartían búsquedas similares: las primeras -y más inventivas- bandas góticas (Siouxsie and the Banshees, Bauhaus, The Cure), los grupos del sello 4AD (Cocteau Twins, Dead Can Dance), la aparición de la música industrial (Throbbing Gristle, Cabaret Voltaire) y luego postindustrial, e inclusive la movida anarcopunk británica (CRASS, Flux of Pink Indians).

 

– ¿La conexión local? Sumo y su influencia inmediata en el rock argentino de los 80. Los mejores sin dudas fueron Los Pillos (Viajar lejos, 1987) y Don Cornelio y la Zona (disco debut homónimo, 1987) pero también vale la pena mencionar a La Sobrecarga, El Corte (sí, Javier Calamaro), Los Corrosivos e inclusive los comienzos de Todos tus Muertos.

Ahora sí, la segunda parte.


The Fall – “Fortress/Deer Park” (1982)

 

Directo de Manchester, el otro (anti)intelectual irritante e ilustre del post-punk junto a John Lydon: Mark E. Smith (MES) de The Fall. En sus más de cuarenta años de existencia, cuya única constante fue MES hasta su muerte, The Fall habrá sonado más o menos punk/rockabilly/muscular/lo-fi/punk/dance pero los pilares casi inalterables fueron el uso de los ritmos repetitivos, la utilización del estudio como elemento cuasi textural (su influencia en el lo fi de los 90 es inconmensurable) y el vitriolo del frontman que, en su imaginario, cruzaba elfos, cervezas baratas, psíquicos alla Phillip K Dick, obreros portuarios fans de Van der Graaf Generator y empanadas de anfetas cortadas a cuchillo. Tienen buenos discos anteriores, aun mejores discos posteriores , pero en Hex Enduction Hour, merced a la producción y las ¡dos baterías!, hallaron un ataque nuevo para ellos.


Joy Division – “Disorder” (1979)

 

Pasando el infaltable morbo “romántico” del artista suicidado se halla junto con Pere Ubu la banda más influyente de todo el lote. Todo el rock gótico que siguió su influjo (Bauhaus, Dead Can Dance, Fields of the Nephilim) mostró una paleta de colores más rica – paradójicamente–  que los comandados por Ian Curtis, pero es insoslayable la cristalización de un sonido propio. Las ultracaracterísticas líneas melódicas de bajo de Peter Hook –junto con Steve Harris, de Iron Maiden el encargado de llevar el bajo a otro protagonismo en los 80–, los patrones invertidos de batería de Stephen Morris, la guitarra de Bernard Sumner corrida del eje tradicional de instrumento líder y la cavernosa voz de Curtis. La producción de Martin Hannett, claustrofóbica y de reverbs gigantescos, fue tan crucial en el resultado final de su estética sonora que casi debería considerárselo un quinto miembro.


The Chameleons – “Up down the escalator” (1983)

 

Y he aquí una banda que justamente cayó en comparaciones odiosas con el grupo de Curtis & cia. Más allá de ciertos elementos distintivos en común (cantante de registro grave, la temática por momentos melancólica y el infaltable reverb) el grupo liderado por Mark Burgess siempre tuvo un talante algo más optimista: ni la pulsión de muerte de Joy Division ni la pulsión de estadios de U2 –nada de malo per se con ninguna de las dos cosas, claro–, más bien algo en el medio, happy sad. Aparte de su efectividad en las canciones, el otro punto de fortaleza del grupo era su cuidado del tratamiento sonoro y la atención a la espacialidad del sonido –en especial referido a la labor guitarrística y los toques de teclados–, cuestión que llevarían a un mayor grado de elaboración en su siguiente disco, What does anything mean? Basically (1985)


The Durutti Column – “Jacqueline” (1981)

 

Otra vez proyecto cuasi-unipersonal, otra vez Manchester, otra vez Martin Hannett y el sello Factory Records y hasta ahí las coincidencias: detrás de Durutti… se halla el lungo Vinny Reilly, un virtuoso hecho y derecho de la guitarra que encuentra sus referentes en el jazz, el flamenco y glorias del folk inglés como Pentangle. Muy lejos de la exhibición estéril, Reilly simplemente gusta de explayarse con la guitarra; a veces acompañado de batería acústica o electrónica, otras de violín, trompeta y otros instrumentos acústicos, el hombre persigue a través de su instrumento la creación de climas musicales  en pequeñas viñetas gentiles y cálidas. Quizá sea por eso que tantas canciones o discos de Durutti Column lleven de título nombres propios o la palabra “amigos”


Young Marble Giants – “Wurlitzer Jukebox” (1980)

 

Apenas un disco de estudio sirvió para posicionar al trío galés como referentes del escenario musical de la época. Casi fauvistas de la música, pintaban sus canciones con sonidos planos –aunque poco estridentes, a diferencia de les fauves–, dando por resultado viñetas minimalistas, o mejor dicho engañosamente minimalistas: hay que prestar atención al trabajo de los hermanos Moxham –Phillip (bajo) y Stuart (guitarra, órgano, caja de ritmos) – y el diálogo sonoro que creaban con sus instrumentos de cuerdas, consciente de los silencios y los espacios (propios y ajenos), para demostrar que la austeridad no tiene que necesariamente reñirse con la complejidad compositiva. En el plano vocal, Alison Statton susurraba versos al borde de la afinación, clara descendiente de Maureen Tucker en Velvet Underground –otra figurita muy repetida en las influencias de la escena–.


The Raincoats – “Odyshape” (1981)

 

Siguiendo con los paralelismos pictóricos, la pintura de Malevich de la campesina que ilustra la tapa de Odyshape da justo en la tecla. Bucolismo extraño. Ya en su debut este grupo de mujeres registraba una muy propia cruza de punk y folk bardero –al que seguro deben haber escuchado las Throwing Muses–, pero es en su segundo disco donde definitivamente hallan su propia voz. Bastante más reposado –pero no menos intenso–, en este registro amplían considerablemente la paleta tímbrica (balafones, kalimbas y demás instrumentos de percusión más la formación tradicional de rock y violín), suman invitados de lujo (Robert Wyatt, Charles Hayward, de This Heat) para dar con una amalgama de reggae, folk y diversas músicas del mundo. Casi un disco para escuchar en compañía junto al imprescindible The Flowers of Romance (1981), de PIL, Odyshape es una suerte de emblema de representación de sentimiento gitano en el rock, ya no solo post-punk.


Talking Heads – “Seen and not seen” (1980)

 

Ok, todos conocemos a Talking Heads; junto a Peter Gabriel y Paul Simon casi que son responsables de la aparición de la etiqueta “world music” en las bateas de las disquerías, con todo lo bueno y lo malo que pueda significar ello. Su disco Remain in Light (1980) simboliza la cima de un momento de la banda (es la última colaboración junto a Brian Eno como productor). Antes de esto eran más espásticos, luego de esto se irán poniendo gradualmente más pop. Ese instante de la banda los muestra en la apropiación más fructífera de la música africana –Fela Kuti a la cabeza–, pero, como grafica este tema, también anticipándose al futuro lenguaje de loops y samples que exploraría a futuro el hip hop (algo que también se apreciaría en la colaboración en dúo de David Byrne y Brian Eno, My life in the bushes of ghosts (1981)). Y sí, estos son los años en que expanden su formación a big band de baile, con colaboradores tan humildes como Adrian Belew de King Crimson o Bernie Worrell de Funkadelic.


This Heat – “Paper Hats” (1981)

 

Parir uno de los discos debuts más particulares de la historia del rock (bebiendo de la fuente de Miles Davis, Sun Ra, el dub jamaiquino y creando canciones que sonaban como drum ‘n’ bass de los 90, quince años antes) no es poca cosa, pero el trío londinense recién estaba calentando motores. Gritos barbáricos, armonías vocales inusuales, sonidos encontrados de la radio, colores de la música africana y asiática, impecable pericia técnica y ese collage-escapada aural que se encuentra en el medio de esta canción, son apenas algunas partes del desglose de este disco centrado en el temor por un posible final nuclear. A pesar de la disponibilidad de la información en internet (¿o será por eso mismo?), This Heat sigue siendo un objeto de culto casi para iniciados. De cambiar eso, sería un acto de justicia, porque tanto en sentimiento como innovación suenan mucho más actuales que muchísimos contemporáneos.


Swell Maps – “Big Maz in the Desert” (1980)

Ya de por sí una banda con un acercamiento inusual al rock en su disco debut – canciones alla Little Richard que, break de piano mediante, podían pasar a pasajes más cercanos a Erik Satie– , el grupo de Nikki Sudden y Epic Soundtracks (sic) afina un poco más en Jane from Occupied Europe el criterio de producción para dar con una propuesta difícil de catalogar aun para los criterios eclécticos del post-punk. Si bien se reconocen algunos parentescos con el uso de la repetición y los tratamientos sonoros del rock alemán más consciente del estudio y su uso como instrumento (Can, Faust), el viaje musical de los Maps regala objetos sonoros extraños repletos de detalles físicos inclusive para los oídos más entrenados en la avant garde. A (re)descubrirlos.


Killing Joke – “The Hum” (1982)

 

La pregunta de siempre para el periodismo de rock: ¿dónde ubicar a Killing Joke? ¿Metal, punk, industrial? Jaz Coleman alternando entre rugidos semi-guturales y entonaciones hímnicas; la guitarra disonante, gigantesca y rechinante de Geordie Walker; el bajo inclinado al dub/funk de Youth y las estampidas tribales de Big Paul Ferguson, casi el John Bonham del post-punk. Es casi cliché – pero no falsedad–  hablar de KJ y su enorme legión de grupos seguidores más populares que ellos: ahí están los habitualmente mencionados Tool, Nirvana, Ministry, Guns and Roses, Nine Inch Nails y Faith No More, entre tantos otros, pero es más interesante señalar su influjo en Voivod y todas las bandas de metal extremo más vanguardista post-2000 (black metal francés, mayor, pero no únicamente) que denoten un trabajo de guitarra intrincado, oscuro y disonante.


 Otras recomendaciones que se pueden escuchar:

– The Birthday Party – Junkyard: El grupo de Nick Cave previo a los Bad Seeds y su versión nuclear más que industrial del blues e inclusive el jazz.

– The Soft Boys – Underwater Moonlight: Robyn Hitchcock releyendo a Syd Barrett y los Byrds desde el prisma de la época.

– Savage Republic – Ceremonial: Grupo californiano afecto a improvisaciones deudoras de la música india y griega.

– …Y Mummer de XTC, Tin Drum de Japan, Ocean Rain de Echo and the Bunnymen, New Gold Dream (81-82-83-84) de Simple Minds y Sulk de The Associates; todos dentro de un espectro más pop, con sus respectivas diferencias.

 

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Buenos Aires, 1984. Periodista cultural y artista plástico. Escribe en las revistas digitales ArteZeta, Kamandi, Ouroboros y Nueve Paneles.

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