De la retrolectura: sobre Los abetos y Los días Trakl

Libros como Los abetos (China editora, 2020), de Luciano Lamberti, y Los días Trakl (Las cuarenta y La Flor Azul editora, 2020), de Guillermo Saccomanno, generan un efecto que se podría llamar retrolectura. ¿Qué sería la retrolectura? Sería, justamente, una vuelta al pasado de la literatura, el libro como máquina del tiempo. En este sentido, tanto Lamberti como Saccomanno desvían sus proyectos literarios con un agujero de gusano para recuperar la lectura y escritura de dos genios de la literatura europea: Samuel Beckett y Georg Trakl. Retrolectura, entonces: releer y reescribir obras del pasado desde el siglo XXI para encontrar nuevas resonancias, nuevas imágenes, nuevas ideas.

En la última novela de Lamberti, Los abetos, Beckett entra dentro de su propio mundo ficcional, ese universo absurdo atravesado por el malentendido, la espera y el sinsentido. El ataque sufrido en 1938 a la salida de un cine es la excusa narrativa para que la ficción urdida por el escritor cordobés engulla a Beckett y para que, a través de la retrolectura, su vida y su obra se fundan.

“Todo en su vida ha sido una repetición continua que no puede detener. Como si hubiera vivido el mismo día, una y otra vez, desde que salió del colegio secundario. Escribe el mismo libro en un inglés que quiere ser preciosista, único, cubriéndose de grandes palabras que no sirven para nada, y que termina siendo una caricatura del inglés selvático de Joyce. El mismo recorrido que lo lleva hacia distintos puntos de Europa (Alemania, Inglaterra, Francia), pero concluye siempre en su casa materna, como si fuera un centro magnético atrayéndolo hacia sus dientes. La misma resaca, todas las mañanas, dolor en el pecho, ansias de fumar. El mismo Beckett, día tras día, una copia de sí mismo”. (p. 12).

Lamberti relee a Beckett para volverlo un personaje más de Esperando a Godot o de Molloy. No hace una lectura biografista; por el contrario, narra el absurdo en la vida de Beckett. Los abetos es un libro anómalo en la producción del escritor cordobés: sus últimos libros publicados por Random House parecían un tanto entrampados en la lógica del género, en un nicho de venta teñido de terror. En esta novela, el autor de El asesino de chanchos (Tamarisco, 2010 / Nudista, 2014) retorna a una propuesta más personal: ¿a quién se le ocurre escribir una novela sobre Beckett en pleno siglo XXI? Todavía más: ¿por qué publicar en la Argentina de 2020 un libro con Beckett como protagonista, en el que vida y obra se funden en un juego de repeticiones y chismes?

En diálogo con las recientes traducciones publicadas por Ediciones Godot, Lamberti se anima a la retrolectura y construye una novela polifónica sobre el dramaturgo y narrador irlandés: cada capítulo proyecta una voz y una óptica diferente. Hay un capítulo intimista, un capítulo con forma de diccionario, hay otro capítulo lleno de rumores y miradas subjetivas, ¡hay hasta un capítulo que podría haber sido un cuento de alguno de los primeros libros de Lamberti! En la forma, Los abetos logra su objetivo: realizar una retrolectura de Beckett argentina, contemporánea y entretenerse con la confusión entre vida y obra, entre literatura y realidad.

En el caso del nuevo libro de Saccomanno, Los días Trakl, la retrolectura toma la forma de un diario. Breves apuntes, citas filosóficas y traslaciones poéticas asedian día a día a Georg Trakl y sus poemas. Hay algo del orden de la obsesión, claro, pero también de la fascinación y la pregunta de qué hacer con esa reiterada lectura del poeta austrohúngaro. El vínculo con la tradición nacional (Alejandra Pizarnik, Alberto Girri), con el cine (Terrence Malick, Jim Jarmusch) y con místicos de ayer y hoy (desde el I ching hasta el Maestro Eckhart), en paralelo a las notas de eventos diarios, de charlas con Fernanda García Lao y de mails entre Saccomanno y su hija, traman de forma densa esta retrolectura.

Esas vinculaciones que propone Saccomanno a lo largo de Los días Trakl enriquecen las preguntas básicas que guían esta retrolectura obsesiva: ¿quién era Trakl? ¿Cómo funcionaba su poesía? ¿Cómo se la ha traducido al español? ¿Qué tienen esos versos para decirle a un lector criollo del siglo XXI? También la puesta en diálogo con un filósofo como Ludwig Wittgenstein es un gesto recurrente en este diario. Ahí se trenzan exploraciones del lenguaje al límite:

“Martes

Una reflexión necesaria. Leo a Wittgenstein sin entender muchos de sus escritos. Y en la medida en que se me rehúyen, me imponen una persecución obsesiva. Voy detrás de un escritor que huye. Y en la persecución creo advertir su mensaje. Mensaje, término desacreditado que, en este caso, se me torna certero. A la vez, mientras leo el Tractatus como poesía, leo poesía como filosofía. Ambas como estrategias de comprensión del mundo.

Wittgenstein escribe en el Tractatus: Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo. Si puedo creer que comprendo a T(rakl) es porque se volvió parte de mi mundo. Al reconstruir poemas de otro versionados por otros, lo que otros leyeron en ese otro, audacia de ciego, choco contra una pared. Es decir, un mundo reducido, acotado, limitado por la ignorancia del lenguaje y la lengua de T.

Pieza

Las sombras / en el empapelado / bailan locas // De quién es / el aliento / acariciando // Éxtasis confuso / Alguien en la puerta “

Saccomanno lee, relee, recontralee traducciones de Trakl, las coteja, las compara y aventura las suyas. ¿Puede un novelista, lejos de la poesía, traducir poesía? ¿Puede hacerlo a partir de otras traducciones, lejos del idioma original? ¿Es legítimo? ¿Es válido? El autor de Los días Trakl se lo pregunta y se arriesga con sus traslaciones. El concepto de traslación viene a llenar el bache: Saccomanno no traduce, lee traducciones y las pule, intenta llegar al hueso de la poesía de Trakl. Desretoriza, reduce el énfasis. Saccomanno quiere un Trakl ascético y sus traslaciones son el gesto de un lector que, fascinado con un autor y su obra, se sumerge en ese mundo hasta casi reescribir su objeto. Eso es la retrolectura en este libro: apropiación y escritura, reflexión e insistencia.

 

 

Lamberti y Beckett, Saccomanno y Trakl: dos modos de la retrolectura en la literatura argentina contemporánea. El primero consiste en ficcionalizar, en releer a Beckett para fundir su vida con su obra, volverlas indistinguibles. Así, el absurdo es la vida de Samuel Beckett y la imaginación literaria amenaza, una vez más, con abarcar la realidad para demostrarnos que vivimos en una ficción. Acaso el 2020 sea un largo relato beckettiano plagado de incomunicación, malentendidos y angustia.

El segundo modo de la retrolectura consiste en sumergirse de forma obsesiva en la lectura de un autor, entrar en ese mundo poético para desdibujar los límites de la subjetividad. De este modo, el diario sobre un poeta se vuelve un desafío íntimo, una puesta a prueba y una insistencia filosófica. Probablemente la literatura pueda seguir siendo eso: un mundo en el que pasado, presente y futuro se confunden para habilitar un espacio de imaginación, pero también un refugio frente a la cronología fatal que nos toca vivir en estos tiempos virales.

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